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lunes, 27 de noviembre de 2023

Un padre o una madre no debería enterrar un hijo, pero pasa.

 


“No creo en más infierno que tu ausencia”
Esta frase tan rotunda es de un poema de Antonio Gala.


Habla de la muerte. La muerte ha sido siempre motivo de discusión para filósofos, de inspiración para poetas, artistas. Y causa de desvelo a medida que vas cumpliendo años y la vas viendo como algo más real. Morir es tan fácil que sólo hay que estar vivo. Por eso los vivos intentamos no pensar demasiado para no amargarnos la existencia, normal, no queremos pensar que nos pueda pasar, precisamente porque sabemos que nos puede pasar. 


Todos, sin excepción, sufrimos algún momento de nuestras vidas una pérdida, alguien a quien queremos se nos va. Esa pérdida que es un mordisco en el alma. 


Yo sólo pido jamás sobrevivir a un hijo mío, creo no hay dolor más desgarrador que ese.
Un padre o una madre no debería enterrar un hijo, pero pasa.


El martes acompañamos a unos amigos en la despedida a su hija, Domenica, una joven de 18 años.
A mí los duelos siempre me han provocado mucha compasión e impresión, especialmente cuando se trata del dolor indescriptible de perder un hijo. Hace muchos años tuve una amiga en Chile que vivió lo mismo, con la diferencia que su hijo tenía pocos meses. Ese niño iba a ser mi ahijado, su madre eligió sus dos nombres por mí. Ante el infierno de mi amiga sólo me cabía el silencio y el acompañamiento y eso que tenía sólo 18 años.


El día miércoles fue el funeral de Minnie y el día siguiente, el jueves, se celebró Thanksgiving (Día de acción de gracias).
Fecha muy importante en USA, es un día festivo donde todas las familias se reúnen para dar sus agradecimientos. 


Mis hijas agradecieron en la mesa antes de cenar y recordamos a Minnie. Esa hermosa niña que parecía dormida en su ataúd.
Luego vimos los cuatro una película juntos. Hace ya bastante tiempo tenemos instaurada la costumbre de ver películas en familia. Mis hijos (con mi hijo Ignacio comenzamos la costumbre) saben que no es tanto la película como el hecho de hacer algo juntos.


Y que nos demos la mano o les abracemos mientras estamos juntos en el sofá. Agradezco llenar de esos momentos el historial de recuerdos de mis hijos. Que tengan su “cajita de herramientas/recuerdos” a mano para cuando la necesiten.


Mi gratitud ayer la dediqué a todos esos momentos que mis hijos se lleven consigo toda la vida. Porque sean muchos más. Porque cuando en el futuro quieran recordar momentos de complicidad en familia no les cueste trabajo encontrarlos, sino elegir entre muchos. 


La muerte a veces da lecciones de vida, de esas que te hacen replantear la vida entera.
Los «mañana hablamos» se truncan y no son posibles. Que se nos quedan pendientes conversaciones porque vivimos creyendo que somos eternos o longevos, pero no siempre es así.
Por mucho que sepas que algún día se irá llevando a los tuyos y finalmente a ti, no terminas jamás de mirarla cara a cara sin cierto temor.


Ser consciente de que te puedes morir es un filtro implacable para diferenciar lo esencial de lo banal, lo prioritario de lo que no lo es. Con esa dosis brutal de realidad que sólo dan los lutos, porque en ellos eres tú y tu dolor, y en el dolor no hay máscaras que sirvan.


Saber a quiénes irían dirigidas tus últimas palabras es un buen ejercicio para saber quiénes son las personas de tu vida.


Lamentable que a veces tengamos que pensar en la muerte para decirlas. Ojalá la vida motivara tanto como la muerte para vencer orgullo, miedo, vergüenza y quedarnos con lo esencial, lo que realmente importa.

 


sábado, 12 de septiembre de 2020

La crianza a veces es difícil, agobia, agota.

 Algo que escribí hace 7 años.

La crianza a veces es difícil, agobia, agota.
A todas nos pasa, tenemos días buenos y malos, y no sólo los adultos, los pequeños también tienen días malos.
Soy madre 24/7 de tres hijos, todos con necesidades distintas.
Mi hijo Ignacio y su mundo, mundo que todavía no se estabiliza después de este cambio a Londres. También está Mía de 4 años recién cumplidos y Abril que todavía no cumple 2; gracias a la poca diferencia de edad se acompañan y juegan mucho, pero hay ocasiones en que esa poca diferencia nos complica. Esto ocurre cuando estoy sola con ellas, y las dos demandan y demandan al mismo tiempo. Abril al ser la más pequeña se irrita más fácil y confunde. Es ahí cuando siento que se comienzan a agotar los recursos y la paciencia.
La buena noticia es que como me ha ocurrido antes, sé que pasa luego de un ratito porque los "te amo" y los besos vuelven junto con la calma. Sin embargo, la ayuda de mi marido en la crianza, para mí, hace todo más fácil. Y digo para mí, porque cuando yo estoy sintiendo "hambre" me cuesta dar comida a mis pollos. Y no hablo de hambre de guata, hablo de mi hambre emocional, esa parte mía de niña que quedó insatisfecha y que las demandas de mis hijos muchas veces despiertan. Sus deseos y mis deseos insatisfechos se juntan y siento que necesito contención para contener a los míos.
Pero como ya me conozco y sé que nos pasa a todas, pido ayuda y dejo que me ayuden. Como somos sólo nosotros cinco ya que no tenemos familiares ni amigos cercanos en Londres, mi marido está ahí para ayudarme y acompañarme. Se lleva a Mía a jugar para que yo haga siesta junto a Abril o se lleva a las dos al parque para que yo me dé un baño.
Es un amoroso. Nos acompañamos, intentamos comprendemos y no nos exigimos. Entonces, ya más aliviada, me sale más fácil contener a mi pollos cuando pían al mismo tiempo.
Dejo de apretar los dientes y relajo el alma.
A las madres que me escriben y me cuentan que la soledad les pesa a diario, que a veces se sienten malas madres y se arrepienten de las palmadas y gritos que le dan a sus hijos. A ellas que por distintos motivos no pueden recibir el apoyo de sus parejas, pero sí tienen la suerte de contar con otras mujeres para apoyarse, siempre les digo, hablen con ellas, pidan ayuda, pidan compañía. Busquen a sus amigas, a sus madres, a sus hermanas, a esas mujeres sabias que están para ustedes, que están para ayudarlas. En este momento yo no tengo a esa amiga, a esa mujer que me acompañe y que me ayude a cuidar a mis hijos, pero aún así sé lo importantes que son ... ellas son de esas personas que una elige como compañera de la vida.
Crianza en tribu, se llama. En tribu de hermanas.
No es lo mismo estar juntas en persona, pero aquí estoy yo para las que quieran mi "compañía", de este lado también nos ponemos en el lugar del otro.


 

 

jueves, 22 de noviembre de 2018

Lo que más va a favorecer su aprendizaje e incluso el desarrollo integral de sus capacidades intelectuales es una relación cercana




Nuestros hijos son seres sociales y aprenden mucho por imitación de sus modelos. Necesitan guía y reconocimiento de sus adultos principales.
Los padres somos su primer y más intenso modelo, pero los niños aprenden de lo que hacemos y no de lo que decimos que hacemos.
Lo que más va a favorecer su aprendizaje e incluso el desarrollo integral de sus capacidades intelectuales es una relación cercana, el contacto físico y satisfacer sus necesidades naturales.
Demostrarles que les queremos, que estamos para cuidarlos y que pueden confiar en nosotros es lo que hará que crezcan seguros de ellos mismos, y no tratarlos como lechugas o almejas.







jueves, 29 de septiembre de 2016

Cerebro y vínculos de apego.

Algo que escribí hace 5 años y que facebook me recuerda hoy.

Hoy gracias a todos los estudios de neurociencia se sabe que las conexiones neuronales son creadas por los vínculos de apego (son varios tipos de apego) en los primeros años de vida y que el cerebro responde a la relación con sus figuras significativas. 
El cerebro de una guagua que no es atendida satisfaciendo sus necesidades básicas (incluyendo el afecto y contención) trabaja por medio de la adrenalina, formando así personas inestables, agresivas e inseguras.




lunes, 12 de septiembre de 2016

Primera necesidad de los hijos... sus padres.

Una guagua separada de su madre, se desespera y llora. Se activa para recuperar a la madre. Llora desesperada y rigidiza sus extremidades ... Se estresa. La tasa de cortisol (hormona del estrés que daña el cerebro) en la saliva de los bebés separados de sus madres es el doble de los que han permanecido en contacto con ella.
Un niño antes de los 3 años no necesita jardín infantil, sala cuna, socializar. Nada. Sólo necesita a mamá y papá. Necesita a su figura de apego principal. Ojalá a su madre. Pero también es cierto que hay ocasiones en que esa madre es el único sustento, por lo que se ve obligada a trabajar y dejar a su hijo con terceros, en ese caso, nada que hacer. Sin embargo, lo ideal sería que fuera UN cuidador para ella o él. No como pasa en las instituciones donde hay muchas guaguas para una persona.
Por otro lado están las mujeres que pudiendo quedarse en casa cuidando a sus hijos los mandan a la sala cuna porque están convencidas que trabajar lejos de casa y dejar a los hijos institucionalizados a temprana edad es muy bueno. He escuchado decir : "Tengo que realizarme..." o "Es que si no vuelves a trabajar perderás todo lo ganado". ¿Qué es todo?.
Creen firmemente en el sistema que dice que trabajar mucho, mucho, mucho es muy bueno. Bueno para algunos, pero no para los hijos.
Me entristece esta realidad, no sólo por los niños que sufren la ausencia. También me pone triste la ignorancia con la que se trata a los niños y a sus necesidades. Me entristece saber que existen tantos adultos tratando de convencerse de una ilusión: "Todo lo hago por su bienestar", “Todo está ok”, “Es para pagar un buen colegio”, “Total, están en clases casi todo el día”, “no me queda otra que trabajar”, “no me atrevo a cortar y cumplir con mis deseos de trabajar desde mi casa o en media jornada”. Sólo son minimizaciones, negaciones. Un montón de mecanismos de defensa que permiten engañarse un momento.
Dicen que una es  exagerada por preocuparse de los niños, "¡AY! si los niños se acostumbran rapidito". Claro, son niños, ¿qué importan?. No hablan, no se quejan, no pueden decir lo que necesitan.
Es verdad que los niños se acostumbran rapidito a todo, pero hay que saber diferenciar entre adaptación y resignación. Creen que uno es dura por decirlo, pero no, no es ser nada dura en comparación de cómo se ponen los corazones, las estructuras cerebrales y las sinapsis neuronales de esos hijos por la falta de presencia materna y paterna.
Las salas cunas están hechas por necesidades de las empresas para no perder trabajadores, no porque sea bueno para los hijos. Y en mayor medida porque los padres no quieren renunciar a un estándar de vida que les permite muchas cosas materiales, vacaciones, casas, autos, etc.
Si alguien piensa que a su hijo le hace regio ir a la sala cuna, lamentablemente hay que decirle que ¡NO!. El mejor modelo educacional a todo nivel es el finlandés, y ¡sorpresa! los niños entran al colegio después de los 6 años. No hay excusa por ese lado, la parte académica no mejora por adelantar procesos.
Hoy en día se sabe, hay muchos estudios que demuestran (lo obvio) que las experiencias que les ofrecemos y las relaciones que establecemos con ellos moldean el cerebro de nuestros hijos. A menos tiempo, ya se sabe. La información existe. Pero quien quiera engañarse que lo haga. Eso es otra cosa.





lunes, 13 de junio de 2016

El mío, el mío, el mío... Competencia

¿Por qué todo tiene que ser una competencia? ¿Por qué no dejar a los hijos seguir su propio ritmo evolutivo natural?

Los hijos necesitan ser felices, no mejores que nadie.

Una querida amiga lo pasa pésimo por las críticas, pero la gente sapa no entiende.

Chata de escuchar y ver tratar a los hijos como premios:

1.-¿ Todavía no camina ?... El mío antes del año ya caminaba.

2.-¿Todavía usa chupete?...¡Mmm! como que ya está grande para usar.

3.-¿Todavía no aprende a escribir?... El mío usa mi computador y celular (y después se quejan de los aparatitos, pero buéh, ése es otro tema).

4.-¿Todavía no va al jardín ?...Necesita socializar o será un mamón. El mío fue con pocos meses y es lo más independiente que hay.

5.-¿Todavía duerme contigo?...El mío durmió solo de un tirón.

6.-¿Todavía no habla ?... El mío con año y medio era un lorito.

7.- ¿Todavía no se saca el pañal?...¡Ay! el mío...el mío, el mío...

Y así suma y sigue. LATERAS ZZZZZ.

Son pocos lo que se paran a reflexionar que se está arrastrando a una generación completa de guaguas y niños a nuestro mundo de locos que va a una velocidad demasiado vertiginosa para la infancia.

Hay que respetar sus ritmos. ¿De qué sirve vivir tan de prisa? Siempre mirando el reloj, siempre contra reloj.

Si tenemos hijos debemos desacelerar, parar y empezar a caminar, a vivir sin estrés, a disfrutar de los hijos y que ellos DISFRUTEN a sus padres.

Hay quienes dicen que deben trabajar los dos y no pueden darse el "lujo" de quedarse con su hijo en casa; entonces, con mayor razón es de primera necesidad vincularse con el niño al llegar a casa, pero estar con ellos de verdad.

Ellos crecen cada día un poco más, ya dejarán de necesitarnos tanto y de repente hasta se extrañará esa sensación que alguien te demande tanta atención, ya dormirán toda la noche, ¡Ningún niño sano quiere dormir toda la vida con los padres. ¡No! Se van solos de la cama cuando se sienten seguros. Y ya comerán solos, ya caminarán, ya hablarán, ya irán al baño solos, y hasta usarán toda la tecnología que quieran comprarle. Ya se independizarán. Ya Crecerán. Porque les arrastremos o no, ellos crecerán igual, a su tiempo.

Es simple, de hecho es tan simple que hay cosas que se aprenden sólo con vivir en sociedad.

Ya harán todo eso y todo lo demás también lo aprenderán, claro que sí, guiados de la mano de sus padres, siempre con respeto, paciencia y tolerancia, porque para eso son niños, para nosotros servirles de guía y dejarles ser niños, dejarles soñar, dejarles ser felices. Dejarles vivir. Así llegarán a nuestro mundo "real", al que tanto queremos que lleguen, llenos de mamá y papá, con un colchón de amor, y así sabrán sortear lo que se les presente.






lunes, 16 de mayo de 2016

Los niños no son Angelitos, no son niños cristal, no son niños índigo, no son perfectos.



Los niños no son Angelitos, no son niños cristal, no son niños índigo, no son regalos, no son perfectos ni son seres especiales enviados desde el cielo. Tampoco vienen a este mundo a cumplir una misión especial.

Hay padres que no quieren entender que sus hijos no son responsables de su crecimiento personal ni de su felicidad. La única misión que tienen los hijos es consigo mismos. Los procesos relacionados con la paternidad son de los padres. Ser la luz de los ojos de la madre es una mochila pesada. ¿O qué pasará cuando ya no sea el hijo complaciente ni amoroso?, ¿se enoje o se equivoque?, ¿se apagará la luz de sus ojos? ¡¡¡No!!!

La luz de nuestros ojos es nuestra propia luz y nuestros hijos brillan con luz propia. No ubiquemos sobre ellos el peso de nuestra felicidad o nuestra tristeza. Derramemos nuestro amor gratis y humanamente. Porque aunque ellos se enojen y no se comporten "angelicalmente" seguiremos amándolos. Aunque nosotros nos enojemos, seguiremos amándolos. Hagámonos cargo de nuestros procesos sin darle a nuestros hijos la responsabilidad de ser para nosotros aquello que nos sostiene.

Los hijos no deben "cuidar a sus hermanos","dar el ejemplo", "ser el hombre de la casa","la razón de vivir", "el motor de mi vida", "el motivo para levantarme". "lo que me da fuerza". No responsabilicemos a los hijos de nuestra vida, de los fracasos o aspiraciones.
Déjenlos ser niños. No hay que transformarlos en "viejos chicos". No hay que hacerlos sufrir desviviéndose para no fallarle a sus padres. No hay que enjaularlos en el podio del perfeccionismo. Ojalá ellos puedan defraudar y equivocarse algún día. Ojalá puedan dejar de vivir en función de las expectativas que los padres, desde el "amor", han puesto sobre ellos.

Todos somos seres humanos, cada uno con sus virtudes y sus desafíos, cada uno con sus particularidades, y si aceptamos que todos somos diferentes, ¿por qué dibujar una “línea celestial imaginaria” que divide a las personas?

Paremos las idealizaciones de la maternidad y de paso le sacamos a los niños el peso de enseñarnos algo o iluminar nuestro camino. Ellos no vienen a completarnos, vienen a ser ellos mismos.




viernes, 15 de abril de 2016

"Los hijos"

Amo esta pequeña historia. 



"Los hijos" 

Hace once años, en Montevideo, yo estaba esperando a Florencia en la puerta de la casa. Ella era muy chica; caminaba como un osito. Yo la veía poco. Me quedaba en el diario hasta cualquier hora y por las mañanas trabajaba en la Universidad. Poco sabía de ella. La besaba dormida, a veces le llevaba chocolatines o juguetes.
La madre no estaba aquella tarde, y yo esperaba en la puerta de la casa el ómnibus que traía a Florencia de la jardinería.
Llegó muy triste. No hablaba. En el ascensor hacía pucheros. Después dejó que la leche se enfriara en el tazón. Miraba el piso.
La senté en mis rodillas y le pedí que me contara. Ella negó con la cabeza. La acaricié, la besé en la frente. Se le escapó alguna lágrima. Con el pañuelo le sequé la cara y la soné. Entonces volví a pedirle:
- Andá, decime. Me contó que su mejor amiga le había dicho que no la quería. Lloramos juntos, no sé cuánto tiempo, abrazados los dos, ahí en la silla. Yo sentía las lastimaduras que Florencia iba a sufrir a lo largo de los años y hubiera querido que Dios existiera y no fuera sordo, para poder rogarle que me diera todo el dolor que le tenía reservado".

Eduardo Galeano.




martes, 15 de marzo de 2016

Mujeres libres...

Hoy me contactó una mujer con la que no hablaba hace algunos meses.
No saben la alegría que siento cada vez que una mujer sale de una relación de maltrato emocional, físico o ambos. Se me infla el corazón cada vez que una mujer es capaz de enfrentarse y alejarse de quienes la dañan. Cada vez que una mujer decide ser dueña de su vida, ser una bruja, una loca, una mujer libre y fuerte, aunque la llamen "zorra". Cada vez que una mujer reconquista su poder y rompe las cadenas del abuso y del que dirán....
Cada vez que una mujer lo hace salva a sus hijos, se salva a sí misma y salva a otras mujeres que la seguirán.
Me llamó para darme las gracias y las terminé dando yo... puedo perdonarme por las que no se han podido salvar.



martes, 2 de febrero de 2016

Seré lo que quieras, pero quiéreme.



"Seré lo que quieras, pero quiéreme". Bajo este desamparo crecen los hijos cuyos padres ya le tienen asignado su rol en la vida antes que ellos puedan elegir.
Nada más nacer (o antes) son arrojados a ese lugar cargado de expectativas 
(neuróticas, como la mayoría de las expectativas) y mandatos sociales donde les dicen lo que debe ser para ser una persona apreciada, amada, mirada.

Como dice la canción de Pancho Puelma: 

"Será un ingeniero, dice el abuelo.
Un gran arquitecto sería perfecto.
¿Y si es un artista? ¡Qué horror, un bohemio!
Mejor una niña que cumpla mis sueños…
Que siga la huella de Jesús Nazaret.
No, no: mejor empresario, será millonario.
Un doctor famoso, un físico loco…
Y yo sólo quiero aprender a respirar".


"Sueño con el día del matrimonio de mi hija", "Será una mujer muy trabajadora, como la abuela y la madre", "Mi hijo será un líder", "Irá a la Universidad"," Será un profesional exitoso". 
¿Y qué pasa si el día de mañana esa niña que todavía no cumple 3 años no es trabajadora y no se casa porque es lesbiana (aunque perfectamente podría hacerlo, pero el sueño de su madre es que sea un príncipe azul y no una princesa) o simplemente no quiere casarse? ¿Entonces esa madre que sueña con el matrimonio y toda su parafernalia, como el día más importante en la vida de su hija dejará de quererla por no cumplir con sus expectativas?
¿Y ese hijo o hija no merecerá el amor de sus padres por no ser exitoso, por no "ceñirse al rol, al guión donde debía encarnar un personaje dentro de la trama familiar y social que se le impuso antes de sacarse los pañales?
¿Es que acaso hay que estudiar "X" carrera para sacar lo mejor de uno? ¿Esa es la meta que todo padre persigue? Tener como hijos "alumnos destacados", "bien portados", "escolarmente impecables". Cuidado con esos estereotipos tan dañinos, porque el desarrollo del potencial de una persona generalmente está muy lejos de ser aquello que la sociedad encuentra deseable. El desarrollo de las potencialidades de una persona es más bien poder ser auténtico y darse permiso para ser lo que uno es. No lo que la mamá desea que sea, ni lo que el abuelito soñó. No seguir la profesión de la familia, ni responder a mandatos culturales.

"Para que te vaya bien debes estudiar "X" profesión" ... Pffffff conozco médicos, ingenieros que no les va nada de bien y recién a los 40 están descubriendo la palabra placer.

Con el "Tú serás esto" es una buena manera de comenzar con las neurosis, se deja de ser uno mismo para acomodarse a un rol que le asignaron; se está dispuesto a cambiar los intereses para complacer a la madre o al padre para así poder encajar
 en el relato familiar, ser el personaje que se espera para no defraudar y quedar solos y abandonados. Hay que aprender a reconocer esos mandatos que tienen que ver con la propia historia, para no imponérselos a los hijos. 

Ojalá todos los niños reciban lo mejor de sus padres sin tener que cumplir con sus expectativas. Ojalá reciban su leche, caricias, palabras amorosas, educación, sus cuidados gratuitamente. Y no como si se tratase de un crédito con aval bancario que luego de transcurrida la infancia tendrán que pagar con éxitos que pongan a mamá y a papá tan orgullosos.




lunes, 11 de enero de 2016

Ningún hijo debería abandonar este mundo antes que su madre.

No creo que pueda existir un dolor más grande que perder a un hijo.
Ningún hijo debería abandonar este mundo antes que su madre.
Vuelan mis abrazos a esas mujeres que siguen adelante pese a ese tremendo dolor.


domingo, 31 de agosto de 2014

La crianza respetuosa ni "hippie" ni militar.

La gente se equivoca sobre la crianza respetuosa, amorosa o como quieran llamarla. 
Piensan que es un tipo de crianza "hippie", sin límites, sin valores, permisiva. Nada más equivocados, la crianza respetuosa, es eso, RESPETO. 
Lo fundamental es distinguir entre necesidades primarias y secundarias. Las primeras son irrenunciables, no se negocian ni se niegan. Son las necesidades psicoafectivas (necesidad de afecto, cariño, respeto, caricias, reconocimiento, atención, tiempo). Las segundas pueden ser frustradas sin causar daño. De hecho, se pueden transar según la edad (tiempo para mirar tele, comprar juguetes, comer dulces, etc. Las "necesidades culturales").
En la crianza respetuosa el afecto, el mimo y la atención no deben ser limitados ni reprimidos. Los niños respetados son pacíficos y respetuosos.
Los límites no se imponen, se informan, se explican. Todos entendemos mejor así. Pero nadie puede venir a instalarlos, a pretender enseñarlos a los 13 ó 14 años y esperar resultados.



Ilustración Agnieszka Szuba

sábado, 12 de abril de 2014

¿ Hijos difíciles o padres difíciles?


Hijos desobedientes, desordenados y sin "control" ...  Hijos difíciles les llaman. 

¿Será tan así el asunto? ¿No será que algunos parámetros con los que se miden esos hijos rondan lo obsesivo? ¿Serán hijos difíciles o padres difíciles? 
He conocido niños amorosos, tiernos, juguetones, a lo más, un poco traviesos, o sea, niños SANOS y normales. Pero sus madres insisten en que son unos tiranos incontrolables.

Cada familia tiene su propia jerarquía de valores. Por ejemplo, hay  familias donde se le da mucha importancia al orden, a la pulcritud (higiene, limpieza). Todo debe estar en su lugar, demarcado, todo gira en torno al orden y a los horarios, pero nunca se habla, por ejemplo, de respeto o justicia. De hecho, la Ecología podría estar sobre la lealtad. 

En algunas familias no permiten los garabatos (palabrotas, groserías), es que son muy religiosos. Es así como los fines de semana en la mañana van a misa  y por la tarde disfrutan de la lucha libre. El padre goza (no exagero, lo he visto en fotos) cuando su  hijo de 4 años enfundado en un traje de mini luchador aprende las técnicas más violentas y dolorosas para ganarle a un futuro contrincante. 

En otras sorprende ver que la comida se convierte en "un tema". Se les exige comer todo y de todo, pero casi siempre SOLOS, les ponen el plato en la mesa y "a tragar". He escuchado a madres quejarse de su tortura diaria porque el "pequeño tirano" se niega a comer todo lo que le sirven, y eso que los dejan la tarde entera si es necesario para que aprendan.

Pero en fin, cada familia le da importancia a lo que estime conveniente.

Yo sólo me pregunto: ¿Tan difícil es ponernos en la piel del otro? ¡¡¡son nuestros hijos!!! 
Comer en compañía  es mucho más grato y hasta es mejor el sabor de la comida. 
A algunos niños los castigan no dándoles postre por cantar o no quedarse quietos en la mesa.
Premiar o castigar con comida es la base de muchos desórdenes alimenticios, ¡OJO! con eso.

Recuerdo a una pequeña niña contarme que ella era realmente feliz los días sábados. Esperaba toda la semana el gran día "especial" (sus padres lo llamaban así ). Único día de la semana que comía junto a sus padres ... Conversaban, se reían, podía comer lo que quisiera, incluso repetir postre. Me dijo : "Nunca, nunca, nunca como con mis papás; es que ellos tienen trabajos muy importantes". 

Sus comidas durante la semana eran tristes, odiaba sentarse sola frente a su plato, servido por la empleada obviamente. Era poco o nada lo que comía ... Así fue que como sus padres buscaron ayuda para sus "malos hábitos", era una niña muy tímida y "mañosa para comer" ... Claro, la del problema era ella. El mundo adultocéntrico en el que vivimos no podía encontrar otra respuesta.



Comer junto a una buena compañía es un placer, es nutritivo para el físico y para el alma. Hasta los animales lo saben




jueves, 6 de marzo de 2014

Los niños hacen lo que ven. Son nuestro reflejo.

Los niños hacen lo que ven. Son nuestro reflejo.
No aprenden lo que repetimos como disco rayado, aprenden de nuestros actos... Debemos ser consecuentes con lo que decimos y lo que hacemos.