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domingo, 10 de enero de 2021

Mimar a los hijos es atenderlos en su llanto y sus necesidades

Hoy me dijeron que mi hija pequeña, Abril, está muy mimada. Y lejos de parecerme un reproche me parece una maravilla.
¡Qué suerte estar mimada por tu Madre! Mimar a los hijos no es no educarlos o dejar que hagan lo que quieran. Es atenderlos en su llanto y sus necesidades, siempre que lo requieran. Siempre.
Y es que mi Abril tiene 3 años y cuando siente que algo va mal, siente pena o llora ella viene a mí, que soy su mamá. Y ella sabe que en su mamá todos los problemas, por inmensos que sean, tienen solución. Y saberse así, protegida, querida y atendida, es la mejor manera de convertirte en un adulto seguro e independiente. Mi hijo mayor, Ignacio, fue criado de la misma manera y a los 20 años se fue a vivir y a estudiar solo a otro país, y siempre he tenido total y absoluta confianza en él para todo. Y sé que esa confianza es recíproca.
Ojalá mis hijas siempre acudan a mí para que yo trate de resolver sus tristezas.





lunes, 22 de junio de 2020

Con él supe lo que era el amor incondicional, un amor que nunca pensé que existía.

A las 2:28 de la tarde de un 21 junio, día de Solsticio, como hoy, nació mi hijo Ignacio, más lindo que el sol. Olía delicioso y era lo más lindo que había visto en mi vida. De verdad que era precioso. Con él supe lo que era el amor incondicional, un amor que nunca pensé que existía.

Puerta del Sol. Madrid. 21 Junio 2018






No hay palabras para decir cuánto te amo. Como ocurre con los amores que merecen la pena, diste la vuelta a mi mundo. Desde el momento que supe que te gestaba dejó de parecerme importante lo que hasta entonces me parecía prioritario.

¡Feliz cumpleaños, mi vida! No hay palabras para decir cuánto te amo. Como ocurre con los amores que merecen la pena, diste la vuelta a mi mundo. Desde el momento que supe que te gestaba dejó de parecerme importante lo que hasta entonces me parecía prioritario.
Te amo infinitas veces infinito, hijo de mi corazón ❤️


 En Toledo. España. 21 junio 2018




viernes, 19 de junio de 2020

Con los besos de mi hijo la vida siempre, siempre, siempre me trajo risas y felicidad.

Melancoleando me encontré con esta foto. Es que un 18 de junio, un día como hoy, estaba a sólo 3 días de tener a mi hijo Ignacio en mis brazos. Lo gesté y lo parí sola. Por esos días (y después también) yo lo estaba pasando pésimo. Obviamente la foto no lo dice, pero así era. Muchas mentiras salían a la luz. Quien por aquel entonces aún era mi pareja no era quien decía ser. Y muchas mentiras se hacían verdades.
Con los besos de mi hijo la vida siempre, siempre, siempre me trajo risas y felicidad, aunque hubo momentos en que me moría en el infierno, pero nunca dudé en seguir.
Sé que eso ya es sólo parte del pasado, y no tengo problemas en recordarlo. Hoy estoy tan feliz y orgullosa de mi hijo Ignacio. Mi hijo. Sólo mío por tantos años, hasta que llegó su padre Cristián González ❤️



Nunca serán suficientes besos.

¡Qué tiempos aquellos! Parece que fue hace mucho, pero realmente siento que fue hace muy poco. Qué lindo recordar esos abrazos, esos besos con mi hijo Ignacio. Nunca serán suficientes besos. Nunca.





jueves, 11 de junio de 2020

Ellas ni lo saben ni lo valoran ahora, pero serán su mejor apoyo en la vida.

Me encanta la relación que tienen mis hijas. Su amor e incondicionalidad es recíproco. Son mejores amigas, confidentes, y máximas defensoras la una de la otra.
Mia (10 años) adora a su hermana pequeña, la llama "bebé" desde que nació y de eso ya van 8 años. Tiene una paciencia infinita con ella, porque Abril es de las que agota a un santo. Habla hasta por los codos. Cuando no está, la casa queda con un silencio atronador.
Abril hasta en sueños cuenta con el amor y generosidad de su hermana. El otro día despertó llorando porque tuvo una pesadilla horrible. Un hombre viejo (un rey chino o algo así, me dijo) se quería casar con ella y ella le respondió que no, que era una niña pequeña y que jamás aceptaría eso. El cuento es que ella no se podía negar porque era un hombre poderoso, de no sé qué reino, cosas de su desbordante imaginación que alimenta con tanto libro que lee y películas que mira.
Entonces, apareció Mia y le dijo que escapara, que ella le ayudaría a hacerlo y luego ocuparía su lugar. Abril despertó angustiada. Llorando me decía que cómo podría dejar a su hermana en semejante situación. Pero que ella tampoco quería casarse con ese vejestorio asqueroso. Bueno, después de varios arrumacos y besuqueos se calmó. También hablamos de la obediencia y de que no siempre es bueno ser tan obediente. Que a mí me encanta que ellas cuestionen y que no acepten todo a pies juntillas sólo porque una "supuesta autoridad" lo mande. Que me siento orgullosa de la manera que tienen de decir sin vergüenza lo que quieren y a quién quieren. Pero bueh, eso ya es para otro post.
Pero lo que a mí también me encanta es verlas crecer tan unidas, queriéndose tanto. Ellas ni lo saben ni lo valoran ahora, pero serán su mejor apoyo en la vida.
























lunes, 9 de septiembre de 2019

Mi hijo se fue a vivir solo...



Agarré mi computador, mi esquina, mi rincón y me entregué a escribir. Después decidí que era mejor hacerlo en papel, con mi puño y letra. Hoy escribí una carta para ti.
Hijo mío, mi Ignacio amado, mi primer pollito maravilloso de mi corazón que te amo con tooodo lo que la vida me permite. Te gesté en solitario y te parí en solitario. Tenía 20 años cuando fui tu mamá. Estuvimos solos los primeros años... rodeados de gente, pero la realidad era que sólo nos teníamos el uno al otro.
Éramos fuertes, estábamos juntos. No me separaba de ti nunca, dormía de ti agarrada, te abrazaba siempre, trabajé a tu lado. Fueron años difíciles, algo nos sombreaba y tomé decisiones por nuestro bienestar. Tantas veces lloré, tantas veces dudé, es que las mamás a veces cometemos errores. He fallado mil y una vez y me da lo mismo porque soy una mujer común y corriente criando de la única manera que pude y puedo. Nunca te he mentido. Siempre he sido honesta. Soy la mujer que soy con todo mi pasado y mi presente y lo sabes, ya estás grande. Cuando fallo, pido perdón. No temo fallar ni pedir perdón porque todos fallamos.
Así es la vida.
Ya estás grande y yo soy feliz que vueles libre. Ya dejaste de ser mi pequeño enamorado, mi pollo chico manducón, regalón, mamón, rico. Aunque sigues igual de regalón.
Desde siempre tan sensible, siempre mirándome, acompañándome y haciéndome saber que me amabas a cada rato... Me cuidabas y yo te decía "deja de cuidarme que me cuido sola". Eras un niño sensible, tierno, cariñoso... A veces duro... Los dos sabíamos por qué.
Ahora ya eres un hombre, grande. ¡Eres un bacán! Cuidas a tus hermanas y ellas agradecen todo tu amor. Somos tan pocos en nuestra familia que a ellas les hace bien tu amor.
Me siento orgullosa de ser tu mamá y ya sabes ... Sigue tu deseo, vuela libre, sé tú... No hay otro camino. A veces seguir el propio deseo implica que es el camino más largo. Estoy feliz que salgas a la vida, a conocerla, que te vayas a otro país a estudiar, que recorras más calles, que veas los paisajes de la vida, que puedas auto alimentarte de todo ello. Tienes la fuerza y el mundo en tu mano.
Agradezco que me digan "todo va a estar bien", "les hace muy bien" pero eso ya lo sé y no me preocupa para nada. Estoy feliz por ti, te ayudo a abrir tus alas para que vueles más amplio y libre. Hoy simplemente siento que mi alma queda con el pulso suave y lento. Mi hijo amado, te vas por primera vez de la casa y suspiro por no estar contigo cada día, por no poder mirarte, tocarte y escucharte reír. Pero no sufro. Estoy feliz por ti. Me gusta que nos extrañemos sabiendo que somos felices estando separados.


Te AMO mi Ignacio y me siento segura de nuestro amor porque estoy segura que sientes y sabes cuánto te amo y que tú me amas.


¡Te quiero libre y feliz siempre!


Buen viaje mi Ignacio.


(No me reta por subirlo a Facebook. Lo adoro y sabe que me siento orgullosa de él. Enteromino, sensible, tierno)

Facebook me recordó hoy este post que escribí hace 4 años. 




miércoles, 31 de julio de 2019

Me hace feliz saber que él y yo podemos ser felices separados.



Con mi hijo Ignacio nunca habíamos estado separados físcamente tanto como lo estamos hoy. Es verdad que hace algunos años se fue a vivir solo a Madrid, pero yo podía tomar un avión y en dos horas estar a su lado. En cambio hoy se instaló en el otro lado del mundo y ya está preparando todo para comenzar sus estudios la próxima semana. Hoy llegó a ese paraíso llamado Australia.

Una amiga me preguntó si lloré mucho o si estoy muy triste porque no podré verlo tan seguido. Y no, la verdad estoy feliz por él. Me encanta que viaje, que conozca, que estudie, que sea libre.

Me hace feliz saber que él y yo podemos ser felices separados, que no somos dependientes extremos el uno del otro, que tiene la seguridad para poder volar sin la necesidad de que esté papá o mamá diciéndole qué hacer. Es libre. Siempre he querido criar seres libre.

La individualidad, la capacidad de ser libre, de poner límites y de elegir su camino, la felicidad de los hijos se construye en lo que construímos con ellos día a día. Y tenemos que hacerlo personalmente, con tiempo, mucho tiempo y cariño, como se hace con todas las relaciones importantes. Pues la relación más importante de nuestra vida será con nuestros hijos y pareja, y una relación sana, de respeto mutuo verdadero, de confianza, necesita tiempo y necesita, sobre todo, que tomemos nuestras responsabilidades con seguridad.

Nadie puede sustituirnos. Nadie puede educar a nuestros hijos como nosotros, que somos quienes más los amamos y conocemos.

Todos los dias, todos, les digo a mis tres hijos lo mucho que los quiero. Y lo que me deja tranquila es que ellos lo saben y sienten. Mis hijas saben lo mucho que me gusta estar con ellas, pasar tiempo con ellas. Y además de lo que les digo, ellas lo viven porque vamos a casi todos los sitios juntas, y lo pasamos muy bien. Con mi hijo fue igual.

Siempre las miro y les digo lo feliz que soy a su lado. Me encanta verlas crecer como lo hice con su hermano. Las abrazo, las beso. He disfrutado mucho criando a mis hijos y sé que es mi responsabilidad más importante de mi día a día.

No importa la distancia, no importa si no se puede dar el beso diario al que estamos acostumbrados, nada borra el ejemplo, el cariño, la cercanía, el tiempo compartido (hablo de tiempo real, en cantidad y no de la tan manoseada frase "tiempo de calidad"), la conexión, la comprensión del otro, el amor construido sobre experiencias y sobre dedicación.

Mi hijo puede estar a kilómetros de distancia, en otro continente, pero sigo siendo el hogar. Sabe que siempre estaré con los brazos abiertos para escucharlo, para apoyarlo. Hace muchos años comencé mi camino de aprendizaje y crecimiento como madre junto a mi hijo Ignacio, no tenía un ejemplo de cómo ser madre o al menos ninguno digno de imitar. Nadie me enseñó, seguí mi instinto sabiendo lo que no quería repetir. Tuve claro qué era lo importante de enseñar para mí. Sin miedo. Día tras día.

Y ahora, cuando ambos ya somos adultos, puedo garantizar que funcionó. Una educación y crianza llenas de amor y respeto por la infancia, por los hijos, es el mayor orgullo y la mayor responsabilidad que habrá jamás.

Puede que en otras cosas de la vida me haya equivocado. En esto lo hice bien.



viernes, 29 de diciembre de 2017

Besos, abrazos y palabras para llenarlos de seguridad y amor.



Nunca serán suficientes besos. Me lo comí a besos cuando chico y hoy ya es un hombre. Creció con la seguridad de ser amado.
Besos, abrazos y palabras para que sepan que son importantes y desde ahí es imposible que los pasen a llevar.
Besos, abrazos y palabras para llenarlos de seguridad y amor.





Ella habla siempre con la verdad, directa, sin miedo y nunca miente.



Ella es Abril, tiene cinco años y es lo más espontánea que hay. Tremenda en todo sentido. Mandona. Intensa. Cuando se ríe lo hace a mandíbula batiente. Si algo no le parece correcto lo dice y no se calla nada. En todas partes es igual, sin filtro, en la casa, en el colegio, en la calle. Hace un rato veníamos camino a la casa cuando escuchamos a un niño gritar, estaba varios metros más adelante que nosotros con un grupo de adultos.
Los adultos, "muy simpáticos" ellos, esos típicos que creen que molestando y burlándose de los niños son tíos más "cool", tiraban al niño (de unos 5 años, como mi hija Abril) de brazos en brazos por los aires mientras el niño pedía a gritos casi llorando que lo dejaran en el suelo.
Abril apuró el paso, nosotros, mi marido e hijos, vimos desde atrás cómo se paró al lado del grupo de adultos (unos ocho o nueve, entre mujeres y hombres) y les preguntó que por qué hacían eso, que cómo no se daban cuenta que al niño no le gustaba. El hombre que tenía al pequeño en brazos al parecer no escuchó a Abril y le dijo al niño: "¡Eh, mira, una niña. Tú eres un niño y estás lloriqueando. La niña se reirá de ti!”.
Abril muy segura le respondió enseguida :" ¡NOOO! no me reiré." Y agregó: "Adultos, no sean malos con los niños. A los niños hay que cuidarlos y tratarlos bien".
Se les quedó una cara de sorpresa e incredulidad a todos los presente, imagino que no esperaban que una niña de sólo 5 años tuviera más criterio que ellos.
Nosotros no opinamos nada, sólo miramos y sonreímos.
La conocemos muy bien y sabemos que siempre salta al ver situaciones de este tipo, es la que interviene y pone la cara cuando cree que alguien lo está pasando mal. Lo hace en el parque, en el colegio, de hecho más de alguna vez ha hablado con los profesores cuando ha sentido que han sido injustos con algún compañero. “Todos nos equivocamos, incluso los adultos”, así se los dice.
Ella siempre habla con la verdad, es directa, sin miedo y nunca miente.

 

 

 






domingo, 24 de diciembre de 2017

Feliz fin de año a todos



Navidad, para mí que no profeso religión alguna, es sólo un día más, sin embargo, a mis hijas (y a mi hijo cuando pequeño) les encanta. Y debo confesar que lo paso muy bien, son muchos días libres, comemos rico, mis hijas cantan villancicos, salimos con mi marido e hijos, decoramos la casa, mis hijas se ponen suéter con renos, pollos navideños.
Como a mis hijas les encanta dibujar les he pedido dibujos como regalos y van a ser maravillosos.
En estas fechas me gusta desconectar y disfrutar de la familia.
Quiero disfrutar de la compañía de mis tres hijos. Poder tenerlos a todos juntos a la vez es algo extraordinario.
Felices fiestas.
Feliz fin de año a todos. Pásenlo genial.
Les dejo mis mejores deseos ❤️

(En la foto mi hijo Ignacio cuando tenía 5 años)







viernes, 22 de diciembre de 2017

Para criar se necesita estar.






Nuestros hijos nos aman y nos necesitan como al alimento y al aire para vivir. Los hijos siempre esperan a que papá y mamá terminen su ajetreado y agobiado día. Todo el tiempo que han permanecido alejados física o emocionalmente, ellos están esperando.
Los hijos necesitan saber que sus padres los entienden y responden sensiblemente a sus inquietudes, miedos y deseos.
Todos los seres humanos tenemos necesidades afectivas. Necesidades que demasiadas veces en los niños quedan a la espera sin ser atendidas a lo largo de días, meses, años de prisas y exigencias del mundo adulto.
Para criar se necesita estar. Pero estar de verdad porque a menudo la ausencia continúa aún con la presencia física de los padres en casa. No sólo la distancia puede ser física sino también afectiva. Es importante interactuar con los hijos intercambiando miradas, besos, abrazos, juegos, afecto, escucha activa.
Aprovechen la navidad para regalonear. 




martes, 21 de noviembre de 2017

Lo estás malcriando...




Cuando mi hijo era chico me criticaban por mimarlo demasiado, por llevarlo en brazos, por darle teta, por dormir con él, por besuquearlo demasiado, por no obligarlo a comer o prepararle comida a su gusto, por hacerle demasiado caso, en definitva, por quererlo demasiado. Me decían que era una blanda y que tenía que ponerme firme, porque si no un día "ya iba a ver". Todavía no sé qué es lo que tenía que ver ¿Ver que hace dos años se fue a vivir solo a otro país para continuar sus estudios? ¿Ver que es un hombre ético, compasivo y generoso?
Creció, se acabó su niñez y ¡sorpresa! no se convirtió en un mamón dependiente pegado a mis faldas que necesitara dormir conmigo, más bien todo lo contrario, es un ser humano libre e indpendiente.
Hoy estudia Ingeniería en Sonido, va a clases, tiene polola, amigos, va a conciertos, cocina (otra sorpresa, come de todo), lava su ropa. Organiza su tiempo y dinero y todo lo hace solo.
Bueno, y ya la chochería máxima que hoy nos tiene muy orgullosos como padres, es que le darán una Beca Erasmus (podrá continuar sus estudios en cualquier país europeo que elija con todo pagado), pero antes se irá de intercambio a Holanda.
Sintiéndolo mucho por los agoreros (mención especial a mi "haterlover"), "consentir" al niño me funcionó de maravilla. Tener un hijo al que se le puede criar rebosante de amor, libre y sin las presiones de los opinólogos, es lo mejor de la maternidad.
"Lo mimas demasiado". "Nunca dejará la teta". "Nunca dormirá solo", decían. Lo estás malcriando...
Lo que olvidaron decir es que los hijos siempre crecen.
Ah. Y que todo pasa. La infancia no dura eternamente. La infancia no es más que un suspiro en la vida de nuestros hijos.
Eso no hay que olvidarlo.





viernes, 14 de abril de 2017



"(...) Y ahora henos aquí
madre y pequeña niña apretadas, envueltas, enlazadas,
como si jamás hubiésemos existido
apartadas la una de la otra." ❤️

Gioconda Belli.






miércoles, 12 de abril de 2017

Hagamos que la crianza se convierta en una experiencia de más disfrute y menos quejas.



Si nos diéramos cuenta realmente de lo rápido que pasa la infancia, de lo rápido que los hijos crecen, se emancipan, vuelan de nuestro lado para hacer su vida aprenderíamos a elegir las batallas realmente importantes y nos centraríamos en disfrutar de sus maravillosas, únicas e irrepetibles infancias.
Podemos hacer que la crianza se convierta en una experiencia de más disfrute y menos quejas.
En la foto con mi hijo Ignacio cuando tenía 8 años, ahora tiene 22 y hace 2 que vive solo en otro país. Nunca le di un golpe, nunca lo humillé, nunca lo amenacé y es el ser más noble que conozco.
No lo veo hace 3 meses, pero hablo a diario con él. Es feliz viviendo en Madrid y yo lo soy por él ❤







martes, 21 de febrero de 2017

Cuido porque quiero cuidar a los que esperan todo de mí. Nacimiento de Abril.





Como hace tan pocos días se cumplieron cinco años desde que nació Abril (17 de febrero), estuve mirando fotos y recordé el periplo que fue su parto: empezando porque sentada en el auto, en plena carretera camino a la clínica en Madrid se rompió la bolsa y Abril sacó la cabeza. Ya con este hecho había que olvidarse del primer plan de parto programado, que era llegar a la clínica en Madrid (45 minutos mínimo). En segundos decidimos con mi marido volver al pueblo en el que vivíamos (menos de 3 minutos) para ir al Centro de Salud (sólo con atención básica. La verdad es que tampoco necesitaba mucho, sabía que estábamos perfectamente bien las dos, pero quería que estuviera algún profesional médico por si surgía alguna emergencia).
Luego vino el viaje en ambulancia a Madrid, con sirena, luces y toda la parafernalia, que nos trasladó al hospital más cercano. Todo esto era parte del protocolo que había que cumplir ya que el Centro de Salud dio aviso de un parto extrahospitalario. Movilizaron una ambulancia equipada con 4 personas para asistirnos, pero que no era necesario, yo estaba lista para irme a mi casa. De hecho, en el hospital al cumplir con todo el procedimiento requerido y constatar que Abril y yo estábamos en perfectas condiciones pedí el alta voluntaria. 

Finalmente en la tarde llegamos a la clínica donde Abril debía haber nacido y donde controlaron todo mi embarazo (sólo pasamos esa noche y al otro día nos fuimos a la casa). Yo sólo quería tranquilidad para tener a mi cachorra lo más pegada a mi pecho, ella estaba fuerte y sanita, y yo también.

Esta foto es de cuando estábamos en el hospital, antes de irnos a la clínica. No nos habíamos separado. Estuvimos pegadas haciendo el piel con piel desde que Abril nació. Y a
 propósito de esto es que ahora traigo a colación el consejo que recibí de una enfermera: 

-"En cuanto venga la enfermera de la noche que se lleve a la bebé al nido. Tú descansa y deja que se hagan cargo de la niña, que luego es muy duro cuando llegas a casa. Llorará mucho, pero tú tranquila, déjala, no te preocupes, así se acostumbrará a estar sin ti".
En la tarde noche llegó la otra enfermera y me preguntó:
-"¿La niña va a dormir en el nido?"
-No, la niña duerme conmigo. Respondí.
-Vale, lo que quieras, pero piénsalo bien. 

¿Pensar qué? no cambiaría de opinión por nada del mundo. Mis tres hijos han dormido conmigo desde la primera noche y los tres se han ido cuando han querido. Obviamente cada uno ha tenido su cuna cuando guagua y su cama cuando han crecido. 
Desde los tres años más o menos duermen solos en su cama durante toda la noche, pero si se despertaban (o despiertan) a medianoche siempre han sabido que son bienvenidos en la mía. 
Ignacio, mi hijo mayor, dejó de ir a mi cama como a los 6 años y las niñas cada vez lo hacen menos (Abril, mi tercera hija, es la que menos ha ido, ella prefiere dormir sola desde muy chica). Los tres siempre han dormido muy bien y ninguno ha sufrido de pesadillas nocturnas, por lo que duermen toda la noche plácidamente. Aunque, sinceramente, yo adoro dormir con mis hijos. Siempre ha sido un placer despertar con alguno de ellos. Aparte que a los tres los amamanté a libre demanda, y para mí, lejos lo más cómodo era tenerlos pegados toda la noche.

Placer, amor, conexión, leche, apego, todas esas cosas y más se consiguen cuando uno no se separa de su hijo. Las primeras horas son únicas e irrepetibles, nunca vuelven. Y se quedan grabadas para siempre.

En el embarazo no hay bebé fuera. Antes del parto están dentro del útero, donde están perfectamente bien atendidos. Por lo tanto, aunque hagan creer que el nido es lo mismo y que estarán igual de bien, no lo es. Es más, es radicalmente diferente.

Yo soy consciente que las infancias de mis hijas se terminarán muy pronto. La de Ignacio pasó demasiado rápido. Sus infancias, la cama llena, sus voces, sus gritos, sus reclamos, sus bocas llenas de leche. Todo eso termina. Y es por eso que no echo de menos nada de antes de ser madre. Algún día, más pronto que tarde, lo sé, volveré a tener todas las horas que quiera para mí. Volveré a ser la dueña de las horas justo como lo era antes de tener hijos.

Ahora veo películas, leo, abrazo al padre de mis hijos, trabajo, besuqueo y regaloneo a mis pollos. Cuido hijos. Ellos siempre han sido mi prioridad. Soy la que los cuida. Y cuido porque quiero cuidar a los que esperan todo de mí. Me esperan toda y yo soy feliz por ello.





martes, 21 de junio de 2016

Veintidós años que soy tu madre.



Veintidós años que soy tu madre. ¿Qué había antes de ti, hijo mío? Nada. Gracias, hijo, por cambiarme.

Recuerdo tu nacimiento y tus primeros años.Vienen todas esas imágenes que no están en ningún video ni álbum de fotos. Te veo riendo y jugando conmigo a los "cati cati". Tu primer día en clase de natación y luego mostrándome orgulloso tus piqueros. Te veo armando las figuras de animales, camiones, autos, lo que fuera, de madera u otro material. Te veo cantando y bailando con 4 años "Rock and roll all nite" de Kiss en La Uniòn. Nos veo bailando juntos en la plaza del pueblo en la fiesta de Miraflores de la Sierra. Los juegos, los inventos, los amigos, tu primera bicicleta que te enseñó a usar tu papá en Santiago, las caminatas juntos de la mano. Tantos besos. Tantas noches que dormimos juntos. Siempre te dije: "si tienes miedo, ven que yo te cuido". Tu amor tan grande y desinteresado. Tu presencia. Qué suerte la mía de ser tu madre. Cuánta felicidad, cuánto amor, cuánta sensibilidad. Qué bello ser humano eres.

En esas imágenes me veo y me siento contenta de la madre que fui para ti, No sé si lo hice bien o mal o si lo pude hacer mejor. Me quedo con el amor que me dices y que siento tienes por mí.

Nunca hice caso a los "deberías", a la culpa, a la presión que me intentaron meter. Nunca he entendido ¿Por qué atacar a los hijos? ¿por qué tantos noes? ¿por qué sobreexigir? ¿por qué castigar? ¿Por qué golpear? Golpear a mis hijos, no se me podría ocurrir.

Gracias Ignacio, por recibirme hoy con ese abrazo. Gracias por la confianza, por las conversaciones.
A veces los que hablan menos son los que más profundidad tienen. Amo ser tu madre.

Te regalo estas palabras de José Luis Sampedro:

Hazte quien eres: hay que hacerse quien se es, y todos somos distintos. Pero lo que quiera que seas desarróllalo al máximo. Cada cual debe aspirar a ser lo máximo que pueda ser con sus condiciones. Y de esa manera devolverá a la vida de todos, la vida que ha recibido él.
Tengo 94 años y me considero un aprendiz de mí mismo. Todavía aprendo a ser quien soy. Y me moriré sin haber acabado, pero he hecho todo lo posible: hazte quien eres y hazlo fervorosamente. Y hazlo entregado a eso y en solidaridad con los demás, porque sin ellos no somos nadie. Sin doblegarte, sin hundirte, sin ceder, sin creer los inventos de los que quieren explotarte. No te rindas!
José Luis Sampedro 2011

Feliz cumpleaños mi Ignacio.



sábado, 18 de junio de 2016

Mi Ignacio. Esperándolo hace 22 años.


Melancoleando me encontré con esta foto. Es que un día como hoy, hace 22 años estaba embarazada. Esperando a mi Ignacio. A 3 días de tenerlo. Sola. Lo esperé y lo tuve sola. Por esos días (y después también) yo lo estaba pasando pésimo. Obviamente la foto no lo dice, pero yo se los cuento. Muchas mentiras salían a la luz. Quien por aquel entonces aún era mi pareja no era quien decía ser. Y muchas mentiras se hacían verdades.
Con los besos de mi hijo. La vida siempre, siempre, siempre me trajo risas y felicidad, aunque hubo momentos en que me moría en el infierno, pero nunca dudé en seguir. Pero bueno, eso es parte del pasado. Ahora estoy tan feliz y orgullosa de mi Ignacio. Mi hijo. Sólo mío por tantos años, hasta que llegó su padre Cristián González.



jueves, 16 de junio de 2016

Mi Abril y el cambio de curso. Que mi hija disfrute hoy es lo que me importa.


Mi hija Abril tiene 4 años y hace algunos meses por primera vez comenzó a ir a Nursery (Jardín infantil), un lugar donde van 18 amiguitos al cuidado de 5 profesoras. Va sólo 2 horas y media diarias. 

Mis otros hijos fueron por primera vez al colegio cuando cumplieron 5 años. Nada de Jardines ni guarderías. Pero esta niñita inquieta no daba más, cada día que íbamos a dejar a su hermana pedía quedarse. Desde el primer día se quedó feliz, le encanta ir a jugar, a pintar, a cantar. Como ella va feliz, yo me quedo tranquila, pero faltan pocas semanas para que acabe el año escolar y en septiembre cambie de clase, a Reception. 

En Reception los niños van de 9 de la mañana a 3 de la tarde. Sigue siendo un grupo pequeño de niños (no más de 24) con mínimo 3 educadores. La clase es en espacios abiertos como en Nursery donde aprenden haciendo y jugando, de hecho, no hay pupitres (sólo mesas redondas con diferentes actividades). Los niños no necesitan estar callados, no hay notas, no hay exámenes, no repiten de curso, no los obligan a comer, hay mucho juego y diversión; se respetan sus ritmos y desarrollo evolutivo.

Encuentro todo excelente. Mi hija Mía de 6 años está encantada con el colegio. Ha sido una maravillosa experiencia.Tiene buenos amigos y le gustan mucho sus profesores. 


Pero le he estado dando vueltas y me niego a que mi hija con sólo 4 añitos esté 6 horas diarias en una institución pudiendo estar conmigo.
En febrero cumplirá 5 años, a mitad de curso.... Mmm! Le daremos una oportunidad, probaremos y si para mi hija está bien, para mí también lo estará. 

Lo tengo claro. Que mi hija disfrute hoy es lo que me importa. Con mis tres hijos ha sido igual.

El tiempo presente es lo que tenemos. El pasado lo llevamos en nuestras marcas. Y el futuro es una imagen en nuestra mente. No es real. Lo real es ahora.


Entonces nada de lo que hagamos hoy nos asegura nada. Podemos usar las estadísticas a nuestro favor, pero no hay certezas. Podemos elegir el colegio más caro, el de mayor "excelencia", pero ni el colegio que siempre quisimos para nuestros hijos, ni las clases de idiomas o de piano o de pintura valen nada si no son momentos maravillosos para ellos ahora. Si hoy les permitimos gozar ¿Qué importa el efecto que tendrá mañana? Mañana no existe.

La vida nos sorprende muy a menudo con grandes zamarreos. La vida es un constante tambaleo, no hay estabilidad. De un zuácate se puede borrar en un instante todo el camino imaginado.

El tiempo presente es lo único que tienen nuestros niños. La infancia es muy corta. Permitámosles y permitámonos gozar. La vida es ahora.






jueves, 19 de mayo de 2016

Mi mayor deseo es tener hijos felices, seguros, sanos, realizados ...



Mis pollos.

Mi mayor deseo es tener hijos felices, seguros, sanos, realizados. Por eso los beso, mimo, abrazo SIEMPRE que ellos lo quieran o necesiten. Si se caen los ayudo a levantarse, si lloran les seco las lágrimas, limpio mocos, si tienen frío los abrigo, si no quieren dormir solas duermen conmigo (el mayor hace muuucho que lo hace solo, parecen siglos; sacarlo de mi cama nunca fue un trauma, todo lo contrario, ni pesadillas tuvo). Todo esto no lo hago porque existan muchas evidencias sobre los beneficios del apego seguro o porque sea bueno para las sinapsis de su cerebro; lo hago porque los amo, disfruto haciéndolo, obedezco mi instinto.
Porque los quiero felices, realizados, contentos, llenos de dicha y amor, los regaloneo sin límites. Quiero personas plenas ... buenas personas, un aporte para la sociedad, No guerreros.
Existe la absurda idea que no acompañar a los hijos, hacerles la ley del hielo, mandarlos a pensar solos, no prestarles ayuda para levantarse aunque sólo sean unos bebés los hará fuertes e independientes. Ser padres negligentes no prepara mejor a los hijos para la vida; la indiferencia hacia ellos creará adultos indiferentes no sólo al dolor, sino a la existencia del otro.
Las personas somos más seguras, sólidas, sanas y felices mientras más amor, atención, contención y respeto recibamos ... no lo contrario.