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lunes, 27 de junio de 2022

¡Feliz cumpleaños, feliz vida, hijo de mi corazón!


Hoy, 21 de Junio, está de cumpleaños este guapetón que es mi primer hijo y mi primer amor en la vida.

 El tiempo en la maternidad es tan raro. A veces corre tan lento cual día de la marmota y otras corre que se las pela. Llega un día en que tu guagua deja de ser ese ser que requería toda tu atención y ya no es sólo que tu hijo crezca, es que ya no volverás a vivir esa etapa.

 
Recuerdo nítidamente su infancia. Tan maravillosos recuerdos. Nuestros juegos inventados, los “cati cati” (que ahora sigo jugando con Abril), el dormir juntitos. O la lengua de trapo adorable que tenía con dos años. O el "me gusta Pink Toyd, como a ti, mamá”. O las aceitunas marionetas, que nos comíamos muertos de la risa. Y tantas, tantas cosas que, aunque nunca será igual que los momentos vividos, quedarán tantísimos recuerdos asociados a cosas tan diferentes que mire dónde mire siempre recordaré esas maravillas.


Ahora lo veo ya grande y a la vez lo veo ahí, con sus primeros dientes, su primera palabra, su pelito claro que le caía hasta los hombros, las cosquillas, nuestros juegos tan sencillos y tan nuestros.
Qué privilegio verlo crecer y ver cómo fue encontrando su yo, sus gustos, sus caminos.


A veces quería que no creciera tan rápido porque sabía que hay momentos que no van a volver, porque quería seguir comiéndomelo a besos, porque sabía que cuando se hiciera mayor seguramente le tendría cerca, pero volaría como debe de ser. 


Esto lo he pasado con mi Ignacio y me pasará con las dos más chicas que me quedan. Es precioso. Es un poco trágico. Pero es un tremendo privilegio. Todo va a cambiar para a la vez permanecer para siempre en mi corazón.


Pero me doy cuenta de lo afortunada que soy, que la vida se hace imparable a través de nosotros y el enorme privilegio de montar la obra sobre el telón de la puesta de sol.
¡Feliz cumpleaños, feliz vida, hijo de mi corazón!

 


 

miércoles, 31 de julio de 2019

Me hace feliz saber que él y yo podemos ser felices separados.



Con mi hijo Ignacio nunca habíamos estado separados físcamente tanto como lo estamos hoy. Es verdad que hace algunos años se fue a vivir solo a Madrid, pero yo podía tomar un avión y en dos horas estar a su lado. En cambio hoy se instaló en el otro lado del mundo y ya está preparando todo para comenzar sus estudios la próxima semana. Hoy llegó a ese paraíso llamado Australia.

Una amiga me preguntó si lloré mucho o si estoy muy triste porque no podré verlo tan seguido. Y no, la verdad estoy feliz por él. Me encanta que viaje, que conozca, que estudie, que sea libre.

Me hace feliz saber que él y yo podemos ser felices separados, que no somos dependientes extremos el uno del otro, que tiene la seguridad para poder volar sin la necesidad de que esté papá o mamá diciéndole qué hacer. Es libre. Siempre he querido criar seres libre.

La individualidad, la capacidad de ser libre, de poner límites y de elegir su camino, la felicidad de los hijos se construye en lo que construímos con ellos día a día. Y tenemos que hacerlo personalmente, con tiempo, mucho tiempo y cariño, como se hace con todas las relaciones importantes. Pues la relación más importante de nuestra vida será con nuestros hijos y pareja, y una relación sana, de respeto mutuo verdadero, de confianza, necesita tiempo y necesita, sobre todo, que tomemos nuestras responsabilidades con seguridad.

Nadie puede sustituirnos. Nadie puede educar a nuestros hijos como nosotros, que somos quienes más los amamos y conocemos.

Todos los dias, todos, les digo a mis tres hijos lo mucho que los quiero. Y lo que me deja tranquila es que ellos lo saben y sienten. Mis hijas saben lo mucho que me gusta estar con ellas, pasar tiempo con ellas. Y además de lo que les digo, ellas lo viven porque vamos a casi todos los sitios juntas, y lo pasamos muy bien. Con mi hijo fue igual.

Siempre las miro y les digo lo feliz que soy a su lado. Me encanta verlas crecer como lo hice con su hermano. Las abrazo, las beso. He disfrutado mucho criando a mis hijos y sé que es mi responsabilidad más importante de mi día a día.

No importa la distancia, no importa si no se puede dar el beso diario al que estamos acostumbrados, nada borra el ejemplo, el cariño, la cercanía, el tiempo compartido (hablo de tiempo real, en cantidad y no de la tan manoseada frase "tiempo de calidad"), la conexión, la comprensión del otro, el amor construido sobre experiencias y sobre dedicación.

Mi hijo puede estar a kilómetros de distancia, en otro continente, pero sigo siendo el hogar. Sabe que siempre estaré con los brazos abiertos para escucharlo, para apoyarlo. Hace muchos años comencé mi camino de aprendizaje y crecimiento como madre junto a mi hijo Ignacio, no tenía un ejemplo de cómo ser madre o al menos ninguno digno de imitar. Nadie me enseñó, seguí mi instinto sabiendo lo que no quería repetir. Tuve claro qué era lo importante de enseñar para mí. Sin miedo. Día tras día.

Y ahora, cuando ambos ya somos adultos, puedo garantizar que funcionó. Una educación y crianza llenas de amor y respeto por la infancia, por los hijos, es el mayor orgullo y la mayor responsabilidad que habrá jamás.

Puede que en otras cosas de la vida me haya equivocado. En esto lo hice bien.



martes, 21 de noviembre de 2017

Lo estás malcriando...




Cuando mi hijo era chico me criticaban por mimarlo demasiado, por llevarlo en brazos, por darle teta, por dormir con él, por besuquearlo demasiado, por no obligarlo a comer o prepararle comida a su gusto, por hacerle demasiado caso, en definitva, por quererlo demasiado. Me decían que era una blanda y que tenía que ponerme firme, porque si no un día "ya iba a ver". Todavía no sé qué es lo que tenía que ver ¿Ver que hace dos años se fue a vivir solo a otro país para continuar sus estudios? ¿Ver que es un hombre ético, compasivo y generoso?
Creció, se acabó su niñez y ¡sorpresa! no se convirtió en un mamón dependiente pegado a mis faldas que necesitara dormir conmigo, más bien todo lo contrario, es un ser humano libre e indpendiente.
Hoy estudia Ingeniería en Sonido, va a clases, tiene polola, amigos, va a conciertos, cocina (otra sorpresa, come de todo), lava su ropa. Organiza su tiempo y dinero y todo lo hace solo.
Bueno, y ya la chochería máxima que hoy nos tiene muy orgullosos como padres, es que le darán una Beca Erasmus (podrá continuar sus estudios en cualquier país europeo que elija con todo pagado), pero antes se irá de intercambio a Holanda.
Sintiéndolo mucho por los agoreros (mención especial a mi "haterlover"), "consentir" al niño me funcionó de maravilla. Tener un hijo al que se le puede criar rebosante de amor, libre y sin las presiones de los opinólogos, es lo mejor de la maternidad.
"Lo mimas demasiado". "Nunca dejará la teta". "Nunca dormirá solo", decían. Lo estás malcriando...
Lo que olvidaron decir es que los hijos siempre crecen.
Ah. Y que todo pasa. La infancia no dura eternamente. La infancia no es más que un suspiro en la vida de nuestros hijos.
Eso no hay que olvidarlo.





viernes, 14 de abril de 2017



"(...) Y ahora henos aquí
madre y pequeña niña apretadas, envueltas, enlazadas,
como si jamás hubiésemos existido
apartadas la una de la otra." ❤️

Gioconda Belli.






miércoles, 12 de abril de 2017

Hagamos que la crianza se convierta en una experiencia de más disfrute y menos quejas.



Si nos diéramos cuenta realmente de lo rápido que pasa la infancia, de lo rápido que los hijos crecen, se emancipan, vuelan de nuestro lado para hacer su vida aprenderíamos a elegir las batallas realmente importantes y nos centraríamos en disfrutar de sus maravillosas, únicas e irrepetibles infancias.
Podemos hacer que la crianza se convierta en una experiencia de más disfrute y menos quejas.
En la foto con mi hijo Ignacio cuando tenía 8 años, ahora tiene 22 y hace 2 que vive solo en otro país. Nunca le di un golpe, nunca lo humillé, nunca lo amenacé y es el ser más noble que conozco.
No lo veo hace 3 meses, pero hablo a diario con él. Es feliz viviendo en Madrid y yo lo soy por él ❤







lunes, 12 de septiembre de 2016

Justificar los malos tratos a los hijos es la secuela que han dejado los golpes recibidos en la infancia.

Pegarle a las mujeres es delito. Pegarle a los ancianos, ¡Peor!. Pegarle a los animales es cosa seria. Saltan hasta los defensores de los piojos.
En cambio pegarle a los niños es EDUCAR.
¿Hasta cuándo se justifican? Si usted es una madre o un padre maltratador, asuma, haga algo, pida ayuda, cambie, siempre hay tiempo para hacerlo. Pero no justifique lo injustificable. Golpear a cualquiera es delito, es violencia, es maltrato. Golpear a un niño es un abuso de poder como cualquier otro, justificarlo es como decir que un hombre debe golpear a una mujer de vez en cuando "si ella se lo gana".
Los niños, como todas las personas, merecen respeto, más de sus padres, los obligados a protegerlos. Pegarle a los hijos es cobardía, ellos no pueden defenderse.
Qué triste leer que un hombre adulto "se emociona y se le aprieta la garganta" al ver que un padre abofetea a su hijo "para educarlo" porque "lo bueno se aprende en casa".
Qué pena por sus hijos y familia, ojalá que por justificar a sus padres, no se equivoque también con sus hijos. Ojalá no sea demasiado tarde, porque al defender el maltrato casi seguro "enseñará" de la manera en que a él le enseñaron. Que la violencia es el camino.
La gran mayoría de las personas que justifican el maltrato sufrieron abusos durante su infancia y, a veces inconscientemente, buscan excusas para autoconvencerse de que está bien pegar a los hijos.
Defender los malos tratos a los niños se considera un síntoma de la naturalización del maltrato en la infancia y las personas que lo padecen no logran verlo. Es la secuela de recibir malos tratos y abusos.
Decir "me pegaban cuando chico, pero me sirvió y estoy sanito" expresa la mayor de las contradicciones, puesto que no hay mayor trauma emocional posterior a ser víctima del maltrato que naturalizarlo, defenderlo y reproducirlo.
Este efecto postraumático se denomina “identificación con el agresor”, es la manera en que la víctima intenta sobrevivir afectivamente a la violencia poniéndose en el lugar del victimario. Entender que mis padres, a quienes he amado y quienes me han alimentado, dado casa, pero además de hacerme cariño, me han golpeado, deja mi cerebro "engañado", "atrapado". Luego, por lealtades heredadas por cultura, por religión, justifico los golpes que recibí, fue mi madre o padre a quien debo honrar quien me los dio. Entonces, de adulto creo y repito que estuvo bien. 
Sepan que UNICEF, Convención internacional de los derechos de los niños, dicen que no se humilla ni maltrata nunca a un niño. En Chile el 71% de los niños recibe algún tipo de maltrato.
Un horror porque nuestros hijos nos quieren tanto que deberíamos hacer más cosas para merecer su cariño.








domingo, 17 de julio de 2016

Para mi Hater, sé que leer esto te dará rabia, pero quizás algún día lo entiendas, cuando ames incondicionalmente y se te pase el odio.


Hace algunas semanas estando en Madrid hice lo que hago a diario con mis hijas, pero con tres niñas. Mi sobrina Joaquina y mis hijas eran como trillizas. Se bañaban juntas, comían juntas, iban al parque juntas, todo juntas.
Una tarde de mucho calor hubo un momento de colapso: llantos, cansancio y con mis "Sana, sana" y besos mágicos calmé la situación.
La polola de mi hijo que pasaba por ahí me dijo:"Eres "la leche" (algo así como seca, ella es española). Increíble lo fácil que lo solucionaste". Le sonreí. Ella continuó : "De verdad te admiro, pero por tooodo. Ignacio me ha contado todo sobre ti. Que lo tuviste muy joven y que te separaste muy joven también y que luego te fuiste a vivir a otra ciudad sola con él. Que trabajaste y estudiaste.Todo eso lo encuentro de súper mujer, hay que ser muy fuerte. Pero lo que más admiro y agradezco es que hayas criado a tu hijo tal como es. No he conocido persona más buena, respetuosa e íntegra. Eres bacán en buen chileno".
Agradecí el comentario porque me gustó mucho, pero siendo bien sincera, no encuentro que sea ninguna hazaña, simplemente porque las mujeres siempre han trabajado fuera y/o dentro de la casa y criado. Muchas hemos criado solas, y luego de un tiempo algunas hemos vuelto a tener pareja, y nuestros hijos un verdadero padre. Un papá presente en cuerpo y alma.
Yo tuve mi primer trabajo siendo adolescente y he criado 3 hijos conciliando trabajo y maternidad. Tener a mis hijos pegados a mí es algo natural. De hecho, más de alguna vez mientras estudiaba di exámenes con mi hijo al lado o trabajé estando embarazada. Aunque siempre he priorizado estar con mis hijos y es por eso que decidí no trabajar durante sus primeros años, pero no crean que es tan fácil, son decisiones súper personales. En mi caso, cuando decidí ser madre sabía que quería ser yo quien criara a mis hijos. pero hacerlo requirió un largo caminito. A mi marido y a mí nadie nos ha regalado nada.
Pero, ¿a qué voy con todo ésto?
A que creo que es verdad, creo que soy bacán. Y creo que todas somos bacanes de una manera u otra con nuestros hijos. Bacanes porque más que ser una madre perfecta, lo que importa es ser una madre que se detiene y reflexiona y pide ayuda si la necesita.
Me sentí muy bien porque aunque para nosotras pueda ser algo cotidiano, parte de lo que hay que hacer, lo normal. Debemos valorar la maternidad porque es algo realmente serio. No hay nada más importante que criar seres humanos.
Pero lejos mi mayor alegría es darme cuenta que sus palabras, la manera en la que me conoce y ve es a través de los ojos y corazón de mi hijo. Lo que siente/piensa mi hijo de 22 años es lo que realmente me llena de felicidad, saber que lo hice bien para ÉL.
Que mi hijo adulto decida llamarme a mí para lo bueno y lo malo antes que a cualquiera, hace que me sienta satisfecha de cómo lo crié.
Esa cotidianeidad que construí día a día para él y para mí es la que crea el mundo en el cual vive hoy. El amor incondicional que le entregué, la paciencia que ejercité, los abrazos y besos que a diario le regalé, los masajes cuando tuvo cólicos y los más de 3 años amamantándolo hacen de su mundo un lugar mejor. Nos ha dicho a su padre y a mí en muchas ocasiones que su infancia fue un tiempo maravilloso. Y es algo que sé lo acompañará por siempre definiendo su relación con el mundo, la confianza en sí mismo y en los demás. En su capacidad de dar y recibir amor.
Me dieron ganas de escribir sobre el tema porque a pesar de tener muy pocos amigos en las redes sociales (algo más de 100 en Facebook y unos 20 en Instagram), tengo una "Hater", "Troll" o como se llame a la gente odiosa del mundo virtual.
Antes quiero aclarar que hacerme un Blog fue con la idea de recopilar algunas reflexiones que de vez en cuando escribía sobre apego, crianza, maternidad o mi vida y que quedaban olvidados en mi facebook. No tiene más fin que recopilar lo que escribo sólo para MÍ, y si a alguien le sirve, qué bueno, me alegro. Con mi Instagram pasa lo mismo, lo tengo para recopilar mis fotos, por algo es privado.
No me creo escritora, gurú, nada. De hecho, ni siquiera tengo muchos seguidores en mi Blog porque no lo promociono. Aparte que hoy en día todos son Blogger o Youtuber, si hasta mi sobrina de 8 años tiene un canal en Youtube y cuenta en Instagram. Y fíjense que es bien interesante lo que hace. Dibuja tan lindo.
Sigo aclarando que en mi Blog y muro de Facebook soy la mujer real, no una mujer disociada de la psicóloga, de la mamá o de la ciudadana con opinión. Soy yo la mujer y como las mujeres somos cíclicas, hay días que ando más sensible que otros y que ciertas noticias me llegan más que otras y hay días en que ando más indiferente y otros en que me vuelve loca de indignación el maltrato a los niños y hasta echo puteadas, y hay otros días en que posteo canciones, poesía, y en especial a mis hijos porque derrito de amor por ellos. Así soy yo, igualita a todas, a veces más obstinada que otros días, a veces más intensa, otros más tierna, más perna, más loca y más intelectual, así soy.
Obviamente no les puedo agradar a todos, pero insultarme y agredirme de esa manera sólo habla de la podredumbre humana y de la pobreza de sentimientos y empatía.
¿Qué sentido tiene escupir llamaradas de odio? Supongo que tendrá que ver con frustraciones e inseguridades muy profundas. Las redes sociales se volvieron el paraíso para todos los Psycos que buscan todo tipo de gente, compañeros con los que nunca hablaron en el colegio, ex pololos, amores pasados, pero ¡por favor! es enfermo psicopatear a ex nueras.
Es una mujer que durante años me ha seguido de manera obsesiva. Pasa del amor al odio, un día me escribía puras cosas maravillosas y al siguiente me reclamaba o inventaba mentiras. La dejaba ladrar porque me daba penita. Escribía comentarios desubicados en mi muro o se agarraba de las mechas con sus familiares, se insultaba y puteaba con sus sobrinas (una pena porque ellas son un amor de personas. Fueron muy cariñosas, al igual que su madre, conmigo y mi hijo). Yo como le tenía algo de paciencia, le pedía que dejara de usar mi muro para sus peleas de conventillo y luego borraba todo. Hasta que un día me harté, la bloqueé y chao. Pero hace poco me encontró en Instagram y me insultó como quiso, escribió cada lesera.
En qué momento la red social se convirtió en un Coliseo Romano donde todos son jueces y verdugos.
Estoy harta de leer agresiones. Si no te gusta lo que pienso y escribo no me dirijas la palabra, que es lo que hago yo. A pastar. Que la entrada y salida de las redes sociales es gratis.
Estoy de acuerdo en que se puede manifestar lo que uno piensa, pero no es cosa de largarse a tirar mierda y que no pase nada. Ahora mi hijo ya es adulto y no tengo nada que hacer en el medio de esa relación. Mucho hice al mantener el vínculo entre ellos durante todos estos años.
No tengo por qué aguantar agresiones de nadie, entrego confianza, pero existe un limite a esa confianza. Las agresiones, sencillamente no. He vivido en carne propia y he estudiado sobre violencia. Y he aprendido mucho.
Me pidió que dejara de subir fotos con mi hijo y de escribir sobre mi vida porque en más de alguna ocasión ha salido de refilón su hijo. Claro, ella mejor que nadie sabe que el pastel de su hijo nunca saldrá bien parado. Las personas que me conocen saben que lo que escribo siempre, siempre, siempre tiene relación con mi vida y lo hago desde la verdad, jamás he escrito algo que no haya vivido y que no me motive, y lo que me motiva son los temas relacionados con los niños, las mujeres, los abusos, los maltratos, las violencias. Espero que aprendamos y entendamos que la clave está en bien tratarnos para cambiar como sociedad, que como muchos niños fui una niña mirando a través de lágrimas, día tras día, y que soñaba con ser adulta para poder escapar de la niñez y de la adolescencia en riesgo.
Al escribir esto sé que hay muchos sufriendo en manos de personas queridas y respetadas, que no los respetan, que les pasan por encima y pisotean. Como esta mujer lo quiere hacer nuevamente conmigo, tal como lo hizo hace ya muchos años. Fueron años difíciles, ella jura que con un techo y un plato de comida bastaba.
Retomando, esta mujer no sólo me pide que no escriba de mi vida, sino que cuestiona mi labor de madre por alejar a mi hijo de su lado (no habla de alejarlo del eterno adolescente ya que él siempre ha vivido en su mundo de Bilz y Pap, y claro, como nunca ha cachado nada, mejor no molestarlo y que siga pegado en los 90).
Me insulta por haber tenido dos parejas (uno de ellos mi actual marido). ¡¡Qué atrooooó por Dios!! Una mujer joven y más encima madre soltera teniendo nuevas relaciones. ¡No, pecado mortal!. ¡Infierno para la pecadora!. Menos mal que siempre me preocupé que mi hijo supiera y tuviera claro quiénes eran mis amigos, compañeros de universidad y parejas. Otro motivo más para agradecer que mi hijo no creciera en ese ambiente machista y retrógrado. La mujer es puta por rehacer su vida, mientras el zorrón del hijo (motivo principal de la separación) se puede acostar con cuánta mujer se le antoje. ¡Oh, No! verdad que eso es de machos. De bien machos.
Pero bueno, allá ella con sus trancas mentales, pero venir a decirme que deje de escribir sobre mi vida es absolutamente psicopático.
Me cuesta entender ese egoísmo, ese cariño malo. Cómo no agradecer y alegrarse por ese niño al que dice amar porque por fin tuvo un padre al que adora y en el que confía porque lo que le dice se hace, no como ese hombre ausente que lo abandonó, que jamás apareció. Progenitor que le fallaba una y otra vez. Porque aclaremos que padre no es cualquiera, transformarse en progenitor es fácil, es cosa de un día, pero ser papá es una responsabilidad de todos los días. La crianza es en pareja, si el clan quiere ayudar bienvenido sea, pero los abuelos, bisabuelos o tías, no pueden suplir la ausencia y negligencia de un progenitor que no asume su nuevo rol de padre y se queda pegado en la época de los carretes, Pool y salidas con los amigotes mientras la mujer cría sola.
Yo no tuve un padre que cumpliera su rol, pero elegí uno maravilloso, generoso, comprensivo, cariñoso, amoroso, lleno de paciencia 100% PAPÁ para mis hijos. Un padre presente.


No permitiré acosos, no tengo tiempo para leseras, menos de dos personas que ya me hicieron bastante daño, no contaré detalles, pero fue muy feo, muy doloroso. Y como sé que es una tremenda responsabilidad elegir a las personas con quienes nos vinculamos y el modo en que establecemos dichos vínculos quiero tener a mi hijo lo más alejado de personas tóxicas. He visto muy de cerca las secuelas destructivas en esa familia y no quiero eso para mi hijo. De hecho, hace muchos años, cuando Ignacio todavía no cumplía los 4 años, decidí alejarlo para siempre de esa familia disfuncional, de sus discusiones, de su bipolaridad, de sus desequilibrios psicológicos. De padres que no conocen a sus hijos porque nunca los han mirado de verdad, de madres alcahuetas que no enseñan a sus hijos valores ni a decir la verdad de chiquititos. Bueno, sin contar que su manera de educar y resolver los problemas dejaba mucho que desear, en una ocasión mi hijo me contó muy shockeado que "abuelita corazón" le dio una ducha fría para que dejara de llorar. Sin olvidar que "papito corazón" no sólo era un padre ausente, sino que nunca le compró ni un kojak o dio un peso para cubrir necesidades o educación (antes, durante ni ahora).
Parece que en realidad había que echarle un vistazo al árbol genealógico de una persona antes de emparejarse con ella.
No me arrepiento de haberme alejado de esa familia, fue una decisión tomada con responsabilidad que requirió buenas dosis de consciencia, madurez y transparencia porque no quería equivocarme, tuve que decidir por el bien mayor de mi hijo y viendo lo que ha ocurrido con toda esa familia estoy segura de haber hecho lo correcto. Porque no es posible entender la historia de cada persona si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Dónde nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Nuestra vida no es producto de la casualidad y casi todo tiene un por qué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia.
Siempre es más eficiente prevenir que reparar los daños.
Aquí van unas lindas fotos con mi hijo.








lunes, 13 de junio de 2016

El mío, el mío, el mío... Competencia

¿Por qué todo tiene que ser una competencia? ¿Por qué no dejar a los hijos seguir su propio ritmo evolutivo natural?

Los hijos necesitan ser felices, no mejores que nadie.

Una querida amiga lo pasa pésimo por las críticas, pero la gente sapa no entiende.

Chata de escuchar y ver tratar a los hijos como premios:

1.-¿ Todavía no camina ?... El mío antes del año ya caminaba.

2.-¿Todavía usa chupete?...¡Mmm! como que ya está grande para usar.

3.-¿Todavía no aprende a escribir?... El mío usa mi computador y celular (y después se quejan de los aparatitos, pero buéh, ése es otro tema).

4.-¿Todavía no va al jardín ?...Necesita socializar o será un mamón. El mío fue con pocos meses y es lo más independiente que hay.

5.-¿Todavía duerme contigo?...El mío durmió solo de un tirón.

6.-¿Todavía no habla ?... El mío con año y medio era un lorito.

7.- ¿Todavía no se saca el pañal?...¡Ay! el mío...el mío, el mío...

Y así suma y sigue. LATERAS ZZZZZ.

Son pocos lo que se paran a reflexionar que se está arrastrando a una generación completa de guaguas y niños a nuestro mundo de locos que va a una velocidad demasiado vertiginosa para la infancia.

Hay que respetar sus ritmos. ¿De qué sirve vivir tan de prisa? Siempre mirando el reloj, siempre contra reloj.

Si tenemos hijos debemos desacelerar, parar y empezar a caminar, a vivir sin estrés, a disfrutar de los hijos y que ellos DISFRUTEN a sus padres.

Hay quienes dicen que deben trabajar los dos y no pueden darse el "lujo" de quedarse con su hijo en casa; entonces, con mayor razón es de primera necesidad vincularse con el niño al llegar a casa, pero estar con ellos de verdad.

Ellos crecen cada día un poco más, ya dejarán de necesitarnos tanto y de repente hasta se extrañará esa sensación que alguien te demande tanta atención, ya dormirán toda la noche, ¡Ningún niño sano quiere dormir toda la vida con los padres. ¡No! Se van solos de la cama cuando se sienten seguros. Y ya comerán solos, ya caminarán, ya hablarán, ya irán al baño solos, y hasta usarán toda la tecnología que quieran comprarle. Ya se independizarán. Ya Crecerán. Porque les arrastremos o no, ellos crecerán igual, a su tiempo.

Es simple, de hecho es tan simple que hay cosas que se aprenden sólo con vivir en sociedad.

Ya harán todo eso y todo lo demás también lo aprenderán, claro que sí, guiados de la mano de sus padres, siempre con respeto, paciencia y tolerancia, porque para eso son niños, para nosotros servirles de guía y dejarles ser niños, dejarles soñar, dejarles ser felices. Dejarles vivir. Así llegarán a nuestro mundo "real", al que tanto queremos que lleguen, llenos de mamá y papá, con un colchón de amor, y así sabrán sortear lo que se les presente.






lunes, 16 de mayo de 2016

Los niños no son Angelitos, no son niños cristal, no son niños índigo, no son perfectos.



Los niños no son Angelitos, no son niños cristal, no son niños índigo, no son regalos, no son perfectos ni son seres especiales enviados desde el cielo. Tampoco vienen a este mundo a cumplir una misión especial.

Hay padres que no quieren entender que sus hijos no son responsables de su crecimiento personal ni de su felicidad. La única misión que tienen los hijos es consigo mismos. Los procesos relacionados con la paternidad son de los padres. Ser la luz de los ojos de la madre es una mochila pesada. ¿O qué pasará cuando ya no sea el hijo complaciente ni amoroso?, ¿se enoje o se equivoque?, ¿se apagará la luz de sus ojos? ¡¡¡No!!!

La luz de nuestros ojos es nuestra propia luz y nuestros hijos brillan con luz propia. No ubiquemos sobre ellos el peso de nuestra felicidad o nuestra tristeza. Derramemos nuestro amor gratis y humanamente. Porque aunque ellos se enojen y no se comporten "angelicalmente" seguiremos amándolos. Aunque nosotros nos enojemos, seguiremos amándolos. Hagámonos cargo de nuestros procesos sin darle a nuestros hijos la responsabilidad de ser para nosotros aquello que nos sostiene.

Los hijos no deben "cuidar a sus hermanos","dar el ejemplo", "ser el hombre de la casa","la razón de vivir", "el motor de mi vida", "el motivo para levantarme". "lo que me da fuerza". No responsabilicemos a los hijos de nuestra vida, de los fracasos o aspiraciones.
Déjenlos ser niños. No hay que transformarlos en "viejos chicos". No hay que hacerlos sufrir desviviéndose para no fallarle a sus padres. No hay que enjaularlos en el podio del perfeccionismo. Ojalá ellos puedan defraudar y equivocarse algún día. Ojalá puedan dejar de vivir en función de las expectativas que los padres, desde el "amor", han puesto sobre ellos.

Todos somos seres humanos, cada uno con sus virtudes y sus desafíos, cada uno con sus particularidades, y si aceptamos que todos somos diferentes, ¿por qué dibujar una “línea celestial imaginaria” que divide a las personas?

Paremos las idealizaciones de la maternidad y de paso le sacamos a los niños el peso de enseñarnos algo o iluminar nuestro camino. Ellos no vienen a completarnos, vienen a ser ellos mismos.