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martes, 11 de abril de 2017

El discurso "Los golpes no hacen daño" es peligroso porque se asocia el amor al maltrato.

Sé que en este tema mucha gente está en desacuerdo conmigo. De hecho, esta es la respuesta a quienes criticaron mi Post anterior.

Nunca justificaré el maltrato hacia nadie. Sé que es un tema que escuece porque mucha gente golpea a sus hijos pensando que esa es la mejor manera para educar, obviamente porque así los educaron a ellos y cuando son adultos dicen "agradecer esos golpes". Pero la verdad es que todos los abusos que vivimos en nuestra infancia (como lo bueno, también) quedan grabados en nuestra memoria implícita. Que luego por lealtades a sus padres la gran mayoría los niegue, se autoengañe y justifique, ya es otro cuento.

La necesidad de proteger a sus padres, de justificarlos, los lleva a buscar cualquier subterfugio para lograr asimilar la dura realidad: sus padres, los obligados a cuidarlos y a protegerlos, a quienes más aman y en quienes confían ciegamente son quienes los dañan. Les trataron mal cuando tenían que haberlos amado, protegido, acompañado de forma madura, serena y comprensiva.

Quienes recuerdan cómo se sentían al ser maltratados saben lo doloroso, injusto y cruel que fue. Yo recuerdo el miedo, la humillación, la impotencia de no poder hacer nada y que nadie hiciera nada por mí ni por mis hermanas.

¿Sabes por qué nos golpeaban? porque podían. Estábamos ahí para que un adulto sin control de impulsos, con rabia, incapaz de autorregularse pudiera desquitarse con nosotras hasta aburrirse. Muchas veces temí por mi vida y la de mis hermanas, no te exagero un pelo.

¿Has visto un ojo negro por el golpe de un cepillo de pelo mientras te peinan? ¿Has visto sangrar niñas de boca y nariz al mismo tiempo? ¿Has visto mearse de miedo a una niña de 4 años sólo con escuchar los pasos de quien más ama, pero también más teme? Yo sí, todo eso y mucho más. Cinturonazos, golpes de puño, de pie, con varas, objetos, lo que sea. Insultos, gritos, humillaciones eran pan de cada día. Y tengo muy claro que eso no era correcto. Era abuso. Nunca esconderé por lealtades absurdas la realidad de lo que ocurrió por intentar justificar malos tratos. Nunca diré "Me castigaban porque me lo merecía. Me pegaban por mi propio bien. No fui digna de ser amada".

Es por eso que el discurso "Los golpes no hacen daño" es peligroso porque se asocia el amor al maltrato, el amar al abuso y esa asociación puede llegar a matar. Así, tal cual. Porque dime ¿quién decide hasta cuándo golpear? ¿Una vez a la semana es suficiente o todos los días? ¿Y qué usamos, la mano, pies, cinturón, chalas, chicote o lo que venga? ¿A qué edad comenzamos? ¿Cuándo se supone que debemos dejar de hacerlo? ¿Hasta que el niño crezca y decida irse de la casa y nunca más volver ? O tal vez un día devuelva el golpe porque es lo que ha aprendido, así lo han educado (golpe con amor, of course).

Con la excusa de educar a los niños se justifica todo tipo de violencia. Para mí eso es domesticar, no educar. Eso es abuso de poder por parte del adulto. Es cobardía. No concibo que alguien mucho más fuerte ejerza esa violencia. Es conductismo puro y duro. ¿Funciona? por supuesto, los perros de Pavlov lo hacían de maravilla. Es rápido y efectivo. Se modifican las conductas indeseables, pero nada de eso tiene efecto a largo plazo, a veces incluso aumentan con el tiempo. Es lo que pasa cuando hacemos las cosas a la FUERZA. Si queremos una solución real, hay que encontrar el origen y no enfocarse en los síntomas. Pero ese es el camino largo, para eso hay que dedicar tiempo, ganas, paciencia, amor, es un proceso donde hay que implicarse y que los amantes del charchazo no están dispuestos a tolerar.

Claro que a los hijos hay que educarlos y para eso las normas y límites son necesarios, pero educar a base de golpes es imponer el terror y el miedo. La violencia física y verbal pasa factura tarde o temprano en las personas adultas. Hay un estudio que hizo la Academia Americana de Pediatría con miles de personas adultas (casi 35.000) y las conclusiones revelaron que las personas que fueron tratadas en su infancia con malos tratos desarrollaron trastornos en la edad adulta. Es decir, recibir un "corrector a tiempo" para evitar males mayores hace que esas personas sean más propensas a conductas antisociales, depresión, dependencia emocional, paranoias, toxicomanías y dificultades sociales. Lo lamentable, es que muchos no tienen idea que es producto de su crianza y la replican con sus hijos seguros que lo están haciendo regio.

Así como este estudio serio hay muchísimos más que demuestran que los niños que han sido educados con violencia son más violentos en sus relaciones con los demás. En cambio, no hay un solo estudio que demuestre que golpear a los hijos les haga bien.

Nadie estaría de acuerdo con pegarle al camarero para que atienda mejor, al jefe que no pesca, al anciano que se equivoca, al marido o a la esposa que no hace lo que queremos. No, porque las personas civilizadas no le pegamos a los demás, pero pegarle al propio hijo, a un niño pequeño, indefenso que depende absolutamente de los adultos y que no puede defenderse, sí, ahí sí están casi todos de acuerdo y hasta los aplauden. La mayoría dice entender que tratar con violencia a los demás no está bien, pero ¿y qué pasa con los niños? ¿por qué ahí sí está bien?. Según el razonamiento del golpe con amor no habría diferencia entre pegarle a una mujer, a un anciano o a un niño.

Para mí, no existe ninguna diferencia. De hecho, es más grave porque un niño es un ser absolutamente dependiente e indefenso. Pegar a un niño no tiene justificación alguna. Si no somos capaces de darnos cuenta que pegarle a nuestros hijos en cualquier circunstancia, con cualquier intención o intensidad, es maltrato y es violencia, entonces necesitamos buscar ayuda.


Puedo entender, no justificar, que alguien en un arranque de ira, en un día de mierda, en un momento de desrregulación máxima, le pegue un cachamal a su hijo. Está pésimo, hay que trabajarlo. Pero lo puede entender. Pero lo que no puedo entender es que alguien diga que le pega con amor porque quiere que sea una persona de bien. Que le grita porque lo ama. Eso no es amor ni respeto ni nada, es producto de la ira no controlada, de la agresividad y la falta de recursos. Es incoherente amar y pegar. A quien se quiere no se le maltrata.


Los niños como todo el mundo tienen derechos, no se puede hacer lo que a uno le dé la gana con ellos como si fuesen un estropajo. No digo animales porque visto lo visto los animales tienen más derechos que los niños. De hecho, las marchas a favor de los animales reúnen muchísima gente, en cambio, a favor de los niños ni siquiera se hacen. Sólo como dato, los derechos de los animales son anteriores a los derechos de los niños. Es más, sirvieron como base.

No hay que maltratar nunca por ningún motivo a los niños. No es ético, no es moral, no funciona ¿Por qué no mejor ayudarles a aprender a controlar su propia conducta y adquirir motivación interna en vez de controlarlos de manera externa? La conducta se detiene por temor a los padres y no porque hayan aprendido nada. Una conducta no cambia a través de la violencia. Creer eso es un engaño. Ese hijo está evitando el golpe por miedo, por sumisión, pero no porque haya interiorizado nada acerca del por qué debe cambiar su conducta. Se consiguen resultados, pero éstos son superficiales y poco duraderos. Los adolescentes con problemas de conducta fueron niños maltratados y luego serán esos adultos que defienden y agradecen los golpes que los "enderezaron" sin saber lo que realmente pudieron haber llegado a ser sin esos golpes que seguramente evitaron que desplegaran por completo sus potenciales.

El maltrato no se debe tolerar, ni consentir bajo ninguna circunstancia, porque está mal, no educa y deja muchas secuelas físicas y emocionales. Aparte que maltratar a los niños es delito, nos guste o no, la Ley así lo dice.

No me extenderé más, comencé escribiendo una respuesta a un comentario y terminó en un Post, pero es que es un tema en el que se me hace imposible quedarme sin inmutarme.

Yo seguiré hablando de los estragos que provocan en el ser humano los malos tratos y si veo a algún adulto tratando mal a un niño o haciendo apología de la violencia me seguiré metiendo porque me importa. Ojalá algún adulto hubiese hecho eso por mí y mis hermanas, nunca entendí ese miedo a defender a los más débiles. Yo no me callo, "abogada de los pobres" me decían cuando chica, porque cada vez que veía algo que me parecía injusto me metía y muchos golpes recibí por ello, pero merecían la pena.

Para una crianza sana a nivel emocional y físico sólo se necesita amor, confianza y respeto. No hay mayor secreto. Los golpes dañan cualquier relación. La violencia sólo genera violencia. De hecho, basta con ver la población penitenciaria de cualquier país del mundo para darse cuenta que todos o casi todos fueron niños con infancias llenas de maltratos y abusos.

Un nuevo informe en Chile mostró que la mitad de la población penal adulta fueron niños del SENAME (Servicio Nacional de Menores). Los niños del SENAME son los niños más vulnerables de Chile, son niños y guaguas con historias muy duras de vida, donde el maltrato y la violencia es su día a día. Más claro imposible.















jueves, 22 de diciembre de 2016

Ser el mejor alumno no garantiza nada en la vida.

A ver, le cuento a quien le interese porque recibí mensajes preguntándome (después de subir un video sobre la educación en Finlandia), cómo es posible que si mis hijas no tienen tareas (deberes) para la casa, el colegio no les hace exámenes o pruebas para puntuar con notas "conocimientos" y el colegio es tan "respetuoso" para no estresar y agobiar a los niños, cómo es que la menor de mis hijas, Abril de 4 años, ya escriba, lea, sume y reste. 

Bueno, lo que me interesa aclarar es que Abril pinta, dibuja, lee, escribe, suma y resta porque ella es puntúa, metete, busquilla y siempre está haciendo algo, lo que sea. Sola busca papeles, tijeras, libros. Le encanta dibujar, pintar e inventar historias. Aparte que al ver a su hermana haciendo sus cosas ella también quiere hacer algo. Pintan y escriben juntas, le pide que le lea cuentos. Pero esa "necesidad" de aprender es propia, su papá y yo, no le hacemos tareas, no le metemos presión de ningún tipo. En el colegio tampoco lo hacen. De hecho, su profesora nos dice todo el tiempo que Abril es muy "clever" y que es muy avanzada para tener 4 años.Cosa que nos importa re poco. Para nosotros, como familia, que los niños sean los "number one", los "mateos", los premiados nunca ha sido tema. Me interesa nada que les den diplomas o premios en ceremonias. Es más, los únicos diplomas que me han encantado de mis hijos son los que le dieron a Ignacio por deporte y por ser buen compañero y amigo, reconocimiento que le dieron los propios compañeros de colegio. Mi hijo ya tiene 22 años y en su vida ha recibido varios premios por sus notas. Pero siempre le expliqué que no se preocupara por esos premios. Mía lleva sólo 2 años en el colegio y también ha recibido reconocimientos de los compañeros, la reconocen como buena amiga y cariñosa. Como acá no hay pruebas no hay certificados de notas y menos premiaciones a fin de año. Qué gusto me da eso.

He conocido muuuchos "number one", muchos estudiantes estrellas, niños ansiosos, con grandes dolores de cabeza, de estómago, que se les caía el pelo y que se comían las uñas. Muchos de ellos abandonaron los estudios apenas pudieron porque sus notas no eran producto de un deseo intrínseco de aprender, lo hacían por presión de los padres o de los colegios. La competencia es feroz, y es peor cuando los padres están inmersos en ella. Conozco el caso de un estudiante estrella que ahora está preso.

Entonces, ¡OJO! Ser el mejor alumno no garantiza nada en la vida. Recibir diplomas todos los años sólo selecciona pero no determina ni una felicidad. Y cuidado con esos niños que se esfuerzan tanto por "ganarle" a los demás. A veces, es sólo para ser vistos por sus padres.


                                  


Esta es la primera "tarea" que hizo Abril en la casa, la hizo hace más de un año, pero no es una tarea hecha por nosotros o por los profesores (a ella todavía no le envían. A Mía recién le enviaron este año y son tan pocas que no ocupa más de 5 a 10 minutos en hacerlas y es sólo una vez a la semana). Es una tarea que Abril pidió hacer y su hermana Mía se la hizo. Es por eso que la guardé y tiene hasta fecha. Para nosotros es la chochería máxima verlas hacer todo juntas. Pero es solamente por el placer de que estén juntas y poder tener TIEMPO de estar con quienes nos aman. Es por eso que no me gusta la sobreexigencia a los niños, es enfermo que los padres durante horas y por muchos años sólo vean la espalda de sus hijos mientras ellos hacen tareas y repiten como loros. Sistema educativo enfermo que obliga a perderse las miradas más importantes de la vida.

Cuando los niños juegan, aprenden una infinidad de cosas, muchas más que obligados haciendo tareas y con una mamá o papá amenazando y con un hijo atemorizado.

He visto lo que hacen los castigos y el miedo. Y también sé que la solución tampoco pasa por los refuerzos positivos como Caritas felices, diplomas, ceremonias o ser las "estrellas de la semana".

Siempre he querido que mis hijos sepan que no necesitan ganar nada para que yo los quiera. No necesitan demostrar que son mejores que nadie para contar conmigo. Hagan lo que hagan yo estoy para ellos. Pueden contar conmigo, porque los amo.



viernes, 30 de septiembre de 2016

Premios por cambiar conductas. Padres manipuladores.

Premiar a los hijos para que cambien una conducta indeseable ...¡MAL! Eso es atender el síntoma, pero no el motivo real subyacente a la conducta que se quiere modificar.
¿Por qué no mejor conocer las verdaderas necesidades de los hijos? Entender que esos síntomas lo que están diciendo es que su hija(o) está experimentando un alto nivel de estrés y/o ansiedad que no logra soportar.
Por otro lado, esperemos que no crezcan como adultos que necesiten premios para hacer lo correcto.
Y después dicen que los niños son los manipuladores. Pffff! Con esos ejemplos así cualquiera...





sábado, 7 de marzo de 2015

La forma en que nos criaron será la manera en que criemos a nuestros hijos.

Este último tiempo he conocido muchas mujeres. Risueñas, divertidas, habladoras, lindas, femeninas. Con algunas nos hemos hecho más cercanas, hemos conversado bastante, amigas nuevas.

Hace algunos días una me preguntó "Dices "te amo?". Sí, le respondí. Muchas veces en el día, y mis hijos me devuelven los te amo con unos ricos besos.

"Yo no", me respondió. Encuentro que es ordinario, que es rasca decir Te amo.

Por un momento entramos en terreno profundo … No sé si se habrá dado cuenta, pero los ojos se me llenaron de lágrimas. Me dijo: "salgo mucho porque no quiero ser esclava de los tiempos de mis hijos. Siento que me estorban, que me molestan ... Hasta siento que no los quiero"... Bueno, esta es la verdad de algunas mujeres. Fuerte, pero es una realidad.

Pienso: ¿Por qué esclava? ¿Desde dónde se está criando a los hijos para hablar de esclavitud?. ¿Desde qué paradigma?. ¿Qué se piensa de la crianza para hablar de esclavitud?. ¿Qué hay detrás de esa esclavitud?. ¿Qué se piensa de los hijos, de los seres humanos?. ¿Qué pasa con los vínculos de dependencia?. ¿Cómo fue la relación con la madre, realmente miraba, sentía que la miraba?. ¿No se estará repitiendo la relación con los padres?.

Le pregunto: ¿Cómo era la relación con tu mamá? ... Llora. "Mi mamá decía que yo era "un cacho".

Hay muchos padres que repiten la historia, que no se cuestionan, pero hay otros que por ejemplo dicen, "no le quiero pegar a mi hijo, no haré lo que hicieron conmigo, aunque cuando está en pataleta tenga unas ganas terribles de pegarle". Ahí está el click de la crianza respetuosa. Cuando devenimos en padres se nos mueve nuestro territorio infantil, se nos mueve nuestra infancia.

Casi todo lo aprendemos por imitación. Así la forma en que nos criaron será la manera en que criemos a nuestros hijos, claro, a menos que hagamos una revisión y decidamos hacer un cambio. Las cadenas transgeneracionales de inseguridad pueden ser interrumpidas.

Casi siempre cuando cuesta acompañar y entregar amor, no es por falta de cariño, a veces, no se sabe.



jueves, 1 de enero de 2015

Entender las pataletas, no controlarlas.

Que mujeres me cuenten que profesionales que trabajan con niños (en este caso educadoras de párvulo y Directora) les digan que sus hijos tienen el "Síndrome del Emperador" (síndrome, como si estuvieran enfermos) son unos tiranos, unos pequeños manipuladores me da una rabia parida. Me revuelve tooodo. ¡¡¡Por favor!!! están hablando de niños de 2, 3, 4 años o incluso de guagüitas de meses como si fuesen unos científicos locos que se quieren apoderar del mundo. Les recomiendan “Time out” o tiempo fuera, es decir, sacar al niño del lugar para que pueda pensar en su “mala conducta”. Y han llegado a sugerir duchas de agua fría para controlar a los hijos en pataletas.
Estas recomendaciones son un llamado al maltrato infantil. Punto.

Lamentablemente no han actualizado sus conocimientos en teoría del apego ni desarrollo del cerebro, por tanto, menos en psicología, ni neurología. Algo realmente grave si trabajan a diario con niños. No hay que hacerles caso, la Convención Internacional de Derechos del Niño (CIDN), Unicef, Colegio de Psicólogos, Sociedad Chilena de Pediatría y todas las investigaciones en desarrollo del cerebro infantil señalan que NO se debe golpear ni humillar a los hijos. A nadie en realidad, es un tema de derechos humanos, de sentido común.

Las pataletas son reacciones normales en niños hasta los 4 años, durante la pataleta pueden gritar, llorar, tirarse al suelo, etc. La pataleta es una manera de demostrar la rabia, pena, estrés, cansancio o frustración que en ese momento está sintiendo. Es la manera de pedir atención a los padres, no es para molestarlos o porque le guste armar espectáculos. Esa es su manera de expresar su malestar porque carece de las habilidades para hacerlo de otra manera. Quizás si un niño es más agresivo y golpea o se golpea, hay que preguntarse por qué reacciona de forma tan violenta. A veces la falta de mirada, de atención cuando los hijos la necesitan los obliga a usar sus últimos recursos, sus medidas más drásticas, las que siempre funcionan para que mamá o papá los miren, y no sigan respondiendo con un mecánico y monótono "Ajá, ya te oí" o un "Sí, sí" sin siquiera escuchar lo que está diciendo el niño. Aún estando de cuerpo presente, el niño percibe la ausencia.

Antes de pensar que los niños son manipuladores hay que saber que a tan corta edad su cerebro está en pleno desarrollo y carece de las habilidades para explicar lo que le pasa. Durante la pataleta su cerebro está secretando cortisol (hormona del estrés) y los padres debemos intentar sacarlos de ese estado. Olvidemos las sugerencias del conductismo clásico, la pedagogía negra, adultocentrismo, ideas que hablen de “métodos” “correctivos” como castigos, time out, indiferencia, duchas de agua fría, humillaciones, retiradas de cariño, eso sólo deteriora el vínculo entre padres e hijos. Este tipo de castigos, dañan el cerebro. Quedan los niños más irritados, acumulan violencia, se enferman, no encuentran salida, se someten. 

Se supone que los padres amamos incondicionalmente a los hijos... Mmm parece que no es tan así. Pero quienes sí aman incondicionalmente son los hijos, ellos aunque se les pegue, castigue, manden solos a pensar, duchen con agua fría. Siguen amando, toleran los malos tratos, incluso los justifican de adultos... Hasta se auto inculpan. 

Tras una pataleta hay una necesidad. Hay qué preguntarse ¿qué le pasa a mi hijo? Primero contenerlos, ser empáticos y luego reflexionar JUNTOS.


Los niños se cansan, igual que los adultos. A ellos se les castiga, a los adultos no.
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sábado, 1 de marzo de 2014

Protejamos la infancia.


Al dejar llorar a los bebés y niños sin contención hasta el agotamiento les enseñamos a perder la empatía con el dolor ajeno.
Un niño que no es regulado, acompañado en sus emociones durante su primera infancia será muy probablemente un adulto con rabia hacia sus relaciones íntimas y su entorno.
Los ejemplos se repiten. La manera en que nos trataron de niños afectará la forma de relacionarnos con los demás.
Si queremos una sociedad sana y empática cuidemos la etapa más delicada del desarrollo con la dedicación y calidad que implica la tarea.

¡Sólo se logrará una mejor sociedad comenzando con buenos tratos hacia la infancia!