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lunes, 27 de junio de 2022

¡Feliz cumpleaños, feliz vida, hijo de mi corazón!


Hoy, 21 de Junio, está de cumpleaños este guapetón que es mi primer hijo y mi primer amor en la vida.

 El tiempo en la maternidad es tan raro. A veces corre tan lento cual día de la marmota y otras corre que se las pela. Llega un día en que tu guagua deja de ser ese ser que requería toda tu atención y ya no es sólo que tu hijo crezca, es que ya no volverás a vivir esa etapa.

 
Recuerdo nítidamente su infancia. Tan maravillosos recuerdos. Nuestros juegos inventados, los “cati cati” (que ahora sigo jugando con Abril), el dormir juntitos. O la lengua de trapo adorable que tenía con dos años. O el "me gusta Pink Toyd, como a ti, mamá”. O las aceitunas marionetas, que nos comíamos muertos de la risa. Y tantas, tantas cosas que, aunque nunca será igual que los momentos vividos, quedarán tantísimos recuerdos asociados a cosas tan diferentes que mire dónde mire siempre recordaré esas maravillas.


Ahora lo veo ya grande y a la vez lo veo ahí, con sus primeros dientes, su primera palabra, su pelito claro que le caía hasta los hombros, las cosquillas, nuestros juegos tan sencillos y tan nuestros.
Qué privilegio verlo crecer y ver cómo fue encontrando su yo, sus gustos, sus caminos.


A veces quería que no creciera tan rápido porque sabía que hay momentos que no van a volver, porque quería seguir comiéndomelo a besos, porque sabía que cuando se hiciera mayor seguramente le tendría cerca, pero volaría como debe de ser. 


Esto lo he pasado con mi Ignacio y me pasará con las dos más chicas que me quedan. Es precioso. Es un poco trágico. Pero es un tremendo privilegio. Todo va a cambiar para a la vez permanecer para siempre en mi corazón.


Pero me doy cuenta de lo afortunada que soy, que la vida se hace imparable a través de nosotros y el enorme privilegio de montar la obra sobre el telón de la puesta de sol.
¡Feliz cumpleaños, feliz vida, hijo de mi corazón!

 


 

domingo, 30 de octubre de 2016

Privación Emocional en la Infancia.

A propósito de los estragos que produce la privación afectiva y el desamor durante la infancia, recordé el Marasmo, una dolorosa enfermedad generada en la Psique. Marasmo es el nombre con que Spitz, un reconocido médico, designó la inexplicable muerte de niños que vivían en orfanatos.
Durante la guerra Spitz se dio cuenta que los niños institucionalizados morían sin una causa aparente. Eran guaguas y niños sanos, tenían comida, techo y estaban limpios, pero aún así morían. Este médico descubrió que la ausencia de las madres, la carencia afectiva, la falta de contacto, de piel, los llevaba a la muerte. Spitz acuñó otros dos términos igual de importantes para el cuidado infantil, El Hospitalismo y la Depresión Anaclítica que, junto al Marasmo, agrupan 3 graves trastornos que afectan de manera física y psíquica a los niños que no son atendidos en sus necesidades afectivas,
Al nacer tenemos el 25% de nuestro cerebro desarrollado. Al año tendremos el 80%. El primer año de vida requiere MUCHA cercanía con el cuerpo de la madre o de la figura de apego principal para un buen desarrollo integral. A esto se le llama exterogestación.
Como podemos darnos cuenta tras el nacimiento, el cuerpo físico y la vida emocional siguen construyéndose influidos en grado diferente por diversos factores. Pero el más importante es el vínculo afectivo que se forma con la madre.
Gracias a médicos como Spitz y Bowlby hoy sabemos que cuanto más notemos el contacto directo con nuestra madre, mejor salud emocional y física tendremos, no sólo durante nuestra niñez, sino también durante nuestra vida adulta.

Dejo un video sobre la Privación Emocional en la Infancia del Médico Rene A Spitz.