miércoles, 30 de diciembre de 2020

La gente con depresión no puede evitar sentirse como se siente.

 Se han manoseado tanto los términos "depresión", "narcisista", "bipolar", "psicópata", que llegó un momento en que se banalizaron y perdieron su significado. Es cierto que usar conceptos técnicos de manera cotidiana ayuda a desestigmatizar algunos trastornos. Pero veo que cada vez más gente, desde la total ignorancia, los utiliza para atacar o desprestigiar a otros. Acabo de leer a una influencer que dice que la depresión es "pura paja mental" y que para ser feliz hay que comer sano, hacer ejercicio, meditar, DECIDIR ser feliz porque el poder está en la mente. Puro bla, bla, bla, típico postivismo pueril, basura que quiere obligar a estar bien, porque es lo que vende. Apariencias. Lo que los demás digan y crean es lo que importa.
¿Por qué empeñarse en quitar importancia a las molestias o sufrimientos de los demás? ¿Superioridad moral?
Con este tipo de mensajes engañosos lo único que se consigue es hundir más a las personas que padecen estas enfermedades. Se puede hacer mucho daño desde el supuesto amor. Las palabras pueden adornar y ocultar mensajes cargados de violencia. Siempre he dicho que esto es peor que la confrontación directa (con la que vas de frente y al menos te puedes defender), porque la falsedad de las palabras amables que esconden cuchillos te dejan en una posición de indefensión enorme.
Hay que cuidar la salud mental de verdad. Las cosas no se solucionan con salir a bailar, comer lechuga, pensar en otras cosas, hacer como que no existen o con mucha fuerza de voluntad. A veces no se puede nomás y hay que buscar ayuda.
He visto a mucha gente que transita por estados depresivos profundos, gente que no se permite estar enferma porque "la depresión es de los débiles", porque la gente fuerte "elige" ser feliz y no pierde el tiempo complicándose la vida con angustias y demases.
La gente con depresión (la que tiene depresión de verdad, no la que anda tristona o bajoneada) no puede evitar sentirse como se siente. Su cuerpo perdió la homeostasis y su química no funciona bien. Da lo mismo lo hermosa de su familia, el día bonito, lo terrible que pueda ser la vida de otros. La gente con depresión necesita ayuda.
Cuando se le dice a alguien que está deprimido, "¡ánimo! Mira a tu alrededor. Tienes todo lo que necesitas. Mira por la ventana el día hermoso", no se ayuda. Una persona con depresión no puede ver lo bueno en su vida, aunque sienta amor profundo por sus padres, hijos, pareja, amigos, la vista se nubla y no es un asunto de voluntad. Por ejemplo, hace un tiempo leí una entrevista de Cristián Sánchez (marido de Diana Bolocco), un hombre exitoso, se supone que con una vida realizada en todos los aspectos se quejaba justamente de eso: no era capaz de ser feliz. No podía y lo tenía todo, hasta se sentía culpable por ello. Así fue como pidió ayuda y descubrió que sufría de depresión. Julián Elfenbein, ídem.
Es por eso que banalizar la depresión a estos niveles es de una ignorancia tremenda cuando es en realidad una patología que necesita tratamiento.
Algo parecido pasa con las personas que van de consulta en consulta. Se acostumbran a ir a pocas sesiones esperando que de manera mágica puedan "controlar" lo que les pasa. Y de tanto andar por distintas consultas aprenden terminología técnica, leen libros de autoayuda, copian y pegan citas que encuentran en Facebook. Han pasado por sesiones con distintos profesionales de la psicología, psiquiatras y hasta con charlatanes. Son los que van y abandonan el proceso porque sienten cierta mejoría momentánea, pero ni de cerca la sostenabilidad que necesitan. Es que utilizar conceptos técnicos sin entenderlos no es avanzar. Incluso si aprendieran la teoría, no bastaría.
La terapia no es un proceso sencillo, es un proceso que toma tiempo, paciencia y constancia. Está lleno de crisis que permiten que poco a poco se vaya generando la capacidad de sentir, de comprender y de actuar. Cada proceso es único, tiene su propio ritmo. No se puede acelerar porque hay que tener en cuenta que el motivo que llevó a una persona a una consulta no se generó de la nada, ni esporádicamente. Necesitó tiempo, años, olvidos y mucha historia vivida para llegar hasta ahí. No somos robots, tenemos nuestra historia encima.

 


 

viernes, 13 de noviembre de 2020

Puedo comprender el desamparo emocional

 

 


 Algo que escribí hace 7 años y Facebook me lo recuerda.

No creo ser una afortunada por la infancia que viví, pero producto de todo lo que fui, de todo lo vivido, hoy puedo mirar, escuchar y entender a muchas personas.
Puedo comprender el desamparo emocional y soy capaz de ponerme en el cerebro y corazón del otro porque he vivido el desamparo emocional en carne propia.
Lo que más difícil se torna algunas veces, es mostrarnos tal cual somos, ser libres de mentiras, de autoengaños. El trabajo terapéutico consiste en eso, en iluminar lo que nos asusta, lo oculto, lo no dicho. Hablar para re-narrar la propia historia.
Es bonito.
Difícil.
Intenso.
Se necesita confianza.
Y valentía.
Y me hace muy feliz poder ayudar y ver que cada vez hay más personas (especialmente mujeres) valientes. 



Cuidadito con los narcisistas, egocéntricos


 


Cuidadito con los narcisistas, egocéntricos y seres perversos que tanto pululan por ahí.
Son esas personas que primero te atacan. Te tratan mal.
Tú vas y te defiendes, porque tienes todo el derecho a hacerlo.
Entonces, se hacen los ofendidos. Te culpan y castigan por defenderte. Típica técnica utilizada para negar su acción y evadir su responsabilidad.
Ojo con ellos porque están en todas las áreas (trabajo, familia, etc.) y buscan anular al otro.

 

 

 

 

 

Harta de ver autoengaños



A ver, yo sé que puedo ser brutalmente honesta, y sé que es algo que no siempre gusta. No soy tibia ni indiferente al dar mi opinión. También sé que está lleno de gente que lleva el amén y dice que todo está bien, aunque no lo esté. Yo no, yo digo lo que realmente pienso a la gente que me importa, a la que le interesa mi opinión y con la que trabajo. Pero es que estoy harta de ver autoengaños. Harta de ver cómo se mantienen dinámicas de dominación-sumisión en la que al esclavo lo único que se le ocurre para salir del pozo es quejarse menos y aguantar más para no molestar. Eso también es abuso. Callarse cuando a uno lo agreden, verbalmente o de modo disimulado, también es violencia. Contener el ser verdadero que uno es para gastar esa energía proyectando el personaje que más gusta al público, afecta a toda la vida, que ya no es de uno sino del patrón que se eligió. Hay que aprender de una vez lo necesario que es el autocuidado en esta vida.
Yo no me callo para caer mejor porque no me importa caer mejor. Vivo de ser independiente de criterio y deslenguada. No soporto la infantilización de los adultos. Uno debe hacerse cargo de su vida y de sus errores. Los abusos se disfrazan de muchas maneras. No me interesa que me quieran más por ser sumisa, complaciente o hipócrita. De hecho, ese es el secreto de que me sienta tan bien y duerma tan tranquila, decir lo que otros no pueden decir. Y eso es porque conozco el precio de la libertad, también me tocó pagarlo.

 

domingo, 4 de octubre de 2020

El concepto de autoestima está viciado

Se habla mucho de la AUTOESTIMA. De cómo debemos querernos incondicionalmente. Pero, ¿cómo hacerlo si el concepto mismo de autoestima está viciado? Nos han enseñado que la autoestima es algo que tenemos que ganarnos a través de éxitos, de méritos, logros, o sea, a base de no equivocarnos. A base de tener una imagen física determinada, una situación familiar, económica y profesional determinada. Todos condicionamientos sociales externos.

Es decir, un montón de exigencias que no siempre se pueden cumplir. Son condiciones que al igual que nuestras vidas oscilan o se van transformando a lo largo del tiempo.


Entonces, lo que casi todo el mundo conoce como autoestima, se ha construido socialmente y se ha transmitido en base a eso. Desde muy pequeños a los niños se les va transmitiendo esta idea en las familias, en las escuelas, desde la sociedad en general.


Se interioriza el criterio: merecer o no merecer valorarse o quererse en función de los resultados. Si los resultados son buenos, entonces, puedo permitirme estimarme; pero si los resultados no son tan buenos (al compararme con los demás), entonces, me desprecio.


Esto está muy asociado a la educación en base a premios y castigos; que no es más que conductismo puro y duro (ya lo he dicho antes: Pavlov y sus perros son el ejemplo más claro). Como esta idea de autoestima está tan interiorizada, hay un montón de personas que no logran entender por qué se sienten inseguras, insatisfechas y con falta de amor propio si cumplen con los estándares de éxito que la sociedad impone. Hay quienes dicen que han trabajado muchísimo para superar una autoestima dañada, han ido por años a distintas terapias de todo tipo, pero luego siempre vuelven al punto de partida: a esa autoestima frágil, al reproche, a la crítica, al desprecio. Pero es que aceptarse y quererse no es intentar alcanzar ese concepto de autoestima o "amor propio" que la sociedad impone. Aunque se tenga mucho dinero, el éxito en la vida no se refleja en los gastos que se muestran. Intentar mostrar una "vida lujosa" no es signo de valía.


Creer que los gastos o los productos de "lujo" definen a las personas, la profesionalidad y el conocimiento, no hace más que preguntarse qué valores se tienen.


Ahora bien, hay un hecho que está bastante estudiado, y no lo digo yo, lo dice la ciencia. Los seres humanos necesitamos a otros seres humanos para poder desarrollar el amor propio y el amor por los demás. Es decir, para poder amarte, antes alguien debió amarte. Necesitamos mirada, necesitamos amor, necesitamos sostén, necesitamos espejo. Especialmente cuando somos niños, pero es algo que seguiremos necesitando toda la vida.


La soledad y el miedo son heridas primales devastadoras.


No basta con repetir el eslogan de la autosuficiencia: "ámate tú primero y chao con todos", como si con sólo alejarse de los tóxicos se solucionara todo. Si fuera tan fácil, bastaría con decir: desde ahora me quiero y de manera automática se aceptaría el cuerpo que se ha odiado siempre, por ejemplo.
Pero no, eso no es así, porque la autosuficiencia no es quedarse solo y no necesitar a nadie. Aceptarse, conocerse, quererse y tener una autoestima equilibrada es algo más complejo. Transitar por la vida buscando pertenencia, aceptación y cariño es parte de ser persona.


Por eso nos duele el abandono y nos desgarra el desamor.


Pero hay esperanza, si no fuimos lo suficientemente amados cuando niños, si no hubo alguien que nos aceptara y diera la seguridad para aceptarnos tal cual éramos, crecemos con esa herida abierta y no aprendemos a querernos ni a aceptarnos. De eso se trata la autoestima. pero al crecer podemos elegir rodearnos de gente que nos quiera y respete por lo que somos.


Existe la posibilidad de reparar los vínculos y no necesariamente quedarnos solos. Sin embargo, entender esto, también va de la mano de hacernos responsables de lo que provocamos con nuestra presencia o nuestra desaparición en la vida de los que nos hemos topado. Responsabilidad afectiva, se llama, y quienes somos padres debemos aceptar la gran responsabilidad que conlleva.




sábado, 12 de septiembre de 2020

La crianza a veces es difícil, agobia, agota.

 Algo que escribí hace 7 años.

La crianza a veces es difícil, agobia, agota.
A todas nos pasa, tenemos días buenos y malos, y no sólo los adultos, los pequeños también tienen días malos.
Soy madre 24/7 de tres hijos, todos con necesidades distintas.
Mi hijo Ignacio y su mundo, mundo que todavía no se estabiliza después de este cambio a Londres. También está Mía de 4 años recién cumplidos y Abril que todavía no cumple 2; gracias a la poca diferencia de edad se acompañan y juegan mucho, pero hay ocasiones en que esa poca diferencia nos complica. Esto ocurre cuando estoy sola con ellas, y las dos demandan y demandan al mismo tiempo. Abril al ser la más pequeña se irrita más fácil y confunde. Es ahí cuando siento que se comienzan a agotar los recursos y la paciencia.
La buena noticia es que como me ha ocurrido antes, sé que pasa luego de un ratito porque los "te amo" y los besos vuelven junto con la calma. Sin embargo, la ayuda de mi marido en la crianza, para mí, hace todo más fácil. Y digo para mí, porque cuando yo estoy sintiendo "hambre" me cuesta dar comida a mis pollos. Y no hablo de hambre de guata, hablo de mi hambre emocional, esa parte mía de niña que quedó insatisfecha y que las demandas de mis hijos muchas veces despiertan. Sus deseos y mis deseos insatisfechos se juntan y siento que necesito contención para contener a los míos.
Pero como ya me conozco y sé que nos pasa a todas, pido ayuda y dejo que me ayuden. Como somos sólo nosotros cinco ya que no tenemos familiares ni amigos cercanos en Londres, mi marido está ahí para ayudarme y acompañarme. Se lleva a Mía a jugar para que yo haga siesta junto a Abril o se lleva a las dos al parque para que yo me dé un baño.
Es un amoroso. Nos acompañamos, intentamos comprendemos y no nos exigimos. Entonces, ya más aliviada, me sale más fácil contener a mi pollos cuando pían al mismo tiempo.
Dejo de apretar los dientes y relajo el alma.
A las madres que me escriben y me cuentan que la soledad les pesa a diario, que a veces se sienten malas madres y se arrepienten de las palmadas y gritos que le dan a sus hijos. A ellas que por distintos motivos no pueden recibir el apoyo de sus parejas, pero sí tienen la suerte de contar con otras mujeres para apoyarse, siempre les digo, hablen con ellas, pidan ayuda, pidan compañía. Busquen a sus amigas, a sus madres, a sus hermanas, a esas mujeres sabias que están para ustedes, que están para ayudarlas. En este momento yo no tengo a esa amiga, a esa mujer que me acompañe y que me ayude a cuidar a mis hijos, pero aún así sé lo importantes que son ... ellas son de esas personas que una elige como compañera de la vida.
Crianza en tribu, se llama. En tribu de hermanas.
No es lo mismo estar juntas en persona, pero aquí estoy yo para las que quieran mi "compañía", de este lado también nos ponemos en el lugar del otro.


 

 

Un niño antes de los 3 años no necesita jardín infantil


Una guagua separada de su madre se desespera y llora. Se activa para recuperar a la madre. Llora desesperada y rigidiza sus extremidades. Se estresa. La tasa de cortisol (hormona del estrés que daña el cerebro) en la saliva de los bebés separados de sus madres es el doble de los que han permanecido en contacto con la madre.
Un niño antes de los 3 años no necesita jardín infantil, sala cuna, socializar. Nada. Sólo necesita a mamá y papá. Necesita a su figura de apego principal. Ojalá a su madre. Pero también es cierto que hay ocasiones en que esa madre es el único sustento de su hogar, por lo que se ve obligada a trabajar y dejar a su hijo con terceros. En ese caso, no hay nada que hacer. Eso lo hemos pasado muchas.
Sin embargo, lo ideal sería que fuera UN cuidador por niño y alguien de nuestra confianza; no como pasa en las instituciones, donde hay muchísimos niños para una persona.
Por otro lado, están los padres que pudiendo elegir quedarse en casa cuidando a sus hijos, los mandan a la sala cuna porque están convencidos que trabajar lejos de casa y dejar a los hijos institucionalizados a temprana edad es lo mejor que pueden hacer. He escuchado decir : "Tengo que realizarme..." o "Es que si no se vuelvo pronto al trabajo pierdo todo lo ganado".
¿Qué es todo?
Hay quienes quieren creer que trabajar mucho, mucho, mucho es muy bueno. Claro que es bueno para algunos, pero no para los hijos.
Me entristece esta realidad, no sólo por los niños que sufren la ausencia. También me pone triste la ignorancia con la que se trata a los niños y a sus necesidades. Me entristece saber que existen tantos adultos tratando de convencerse de una ilusión teniendo más opciones: "le hace bien despegarse de mí porque está muy mamón", “Todo está bien, llega raja de cansado a la casa y ni molesta”, “Trabajo todo el día para pagarle un buen colegio”, “desde que lo dejé en el jardín ya no me necesita, ahora echa de menos a la tía”.
Minimizaciones, negaciones. Un montón de mecanismos de defensa que permiten engañarse un momento.
Dicen que no hay que exagerar al preocuparse de los niños, "¡AY! si solo son niños, se acostumbran rapidito". Claro, qué más da, son niños, ¿qué importan, verdad? No hablan, no se quejan, no pueden decir lo que necesitan.
Es cierto que los niños se acostumbran rapidito a todo, pero hay que saber diferenciar entre adaptación y resignación. Creen que una es dura por decirlo, pero no, no es ser nada dura en comparación de cómo se ponen los corazones, las estructuras cerebrales y las sinapsis neuronales de esos hijos por la falta de presencia materna y paterna.
Las salas cunas están hechas por necesidades de las empresas para no perder trabajadores, no porque sea lo mejor para los niños. Y en mayor medida porque los padres no quieren renunciar a un estándar de vida que les permite tener muchas cosas materiales.
Si alguien piensa que a su hijo le hace regio ir a la sala cuna, lamentablemente hay que decirle que ¡NO!. En las guarderías los niños deben competir por la atención del adulto y ni así les hacen caso la gran mayoría de las veces.
El mejor modelo educacional a todo nivel es el finlandés, y ¡sorpresa! los niños entran al colegio después de los 6 años. No hay excusa por ese lado, la parte académica no mejora por adelantar procesos.
Hoy en día se sabe, hay muchos estudios que demuestran (lo obvio) que las experiencias que les ofrecemos y las relaciones que establecemos con ellos moldean el cerebro de nuestros hijos. A menos tiempo, ya se sabe.
La información existe. Pero quien quiera engañarse que lo haga. Eso es otra cosa.