domingo, 2 de abril de 2017

El castigo corporal NUNCA debe utilizarse en los niños bajo ninguna circunstancia

Los que defienden que está bien pegar a los hijos para que sean personas "sanitas" y de bien no tienen idea el daño que le están haciendo a sus hijos.
Hay estudios serios, de Paper científicos, fíjense, que han demostrado que los niños cuyos padres usan el castigo físico, muestran más problemas emocionales o de adaptación que los niños que no reciben castigos.
Y otro estudio reciente ha demostrado la relación entre los antecedentes de una disciplina con castigos físicos y la depresión y los problemas en la adolescencia, como la delincuencia juvenil.
El castigo corporal NUNCA debe utilizarse en los niños bajo ninguna circunstancia. Numerosos problemas están asociados a ese tipo de crianza y los padres estamos obligados a cuidar de nuestros hijos. Informarse hoy es re fácil, no hay excusas.





viernes, 31 de marzo de 2017

Mientras hayan hombres que nos sigan violentando.




 
A mis hijas, Mía de siete y Abril de cinco años, ya les estoy enseñando a mantener y no bajar la guardia. Son buenas para dar puñetazos y patadas. Les gusta el kick boxing tanto como a mí.
Es lamentable, pero casi a diario me desayuno con una noticia nueva donde las mujeres son agredidas, violadas, asesinadas. Mientras el "patio" esté así de loco hay que aprender a sacarse como sea de encima a los psicópatas, a los mediocres llenos de complejos que si no es a la fuerza no consiguen una mujer.
No me gusta la violencia, en teoría, creo que casi todos queremos un mundo pacífico. Me encantaría creer que mis hijas podrán caminar libres y seguras por el mundo, pero nop, eso es una utopía tal como están las cosas hoy en día.
Lamentablemente en nuestra sociedad falta educación real a muchísimos hombres que piensan que las mujeres no valemos nada y que podemos ser usadas, asesinadas, abusadas, maltratadas y violadas.
Aclaro para que no sientan ofendidos: no son todos los hombres. Tengo un hijo, pareja y amigos hombres que son personas íntegras y respetuosas.




miércoles, 29 de marzo de 2017

Hay que quitarse el peso ese de intentar gustar a todo el mundo

Hay que quitarse el peso ese de intentar gustar a todo el mundo. Vivan y que los demás hagan lo suyo. Total, todos vamos para el mismo lado...el panteón nos espera.









domingo, 26 de marzo de 2017

Relaciones tóxicas. Aprende a decir NO.

Las relaciones tóxicas se producen en todas las esferas de la vida y sus dinámicas de funcionamiento son muy similares siempre.
Hay personas que no saben cómo reaccionar cuando perciben algún tipo de abuso. Se sienten paralizadas cuando familia, amigos, compañeros o cercanos les piden algo que no desean hacer, no saben decir no.
Son personas que no se sienten respetadas y no saben cómo hacer que las respeten.
Lo primero es reconocer que esas relaciones hacen daño. No hay que dudar ni un momento en dejar claro cuáles son los límites que nosotros ponemos y hay que ponérselos a quien sea. Hay que aprender a decir NO y no sentirse culpable por ello.
Nos han educado desde pequeñitos a aguantar impertinencias, abusos de confianza y opiniones ofensivas con buena cara. La idea es evitar conflictos, pero tolerar no es la solución cuando nos quieren manipular, chantajear, acosar, minusvalorar o abusar. En todas las relaciones personales hay momentos de conflicto, pero existen personas que van más allá de un conflicto puntual. Son personas que quitan energía, tiempo, alegría y hacen sentir mal: son los "chupasangre" emocionales.
Para ser emocionalmente libre y tener una vida feliz y equilibrada hay que abrir los ojos ante la realidad: algunas relaciones son tóxicas, así de simple y claro.
No hay que sonreír y hacerse el tonto cuando nos ofenden. Hay personas que les sale más fácil decir SÍ cuando lo que quieren es decir No, porque prefieren sentirse integrados a algo, aunque no sea de su agrado. Son los típicos "Nunca quedas mal con nadie", los políticamente correctos. Pero no, eso no se puede tolerar cuando nos sentimos pasados a llevar. Sonreír no es la solución. Si hay algo que molesta u ofende hay que decirlo.
Tenemos derecho a enojarnos y mucho.
Debemos defendernos. Tenemos todo el derecho a poner límites. Incluso podemos irnos y tener una vida alejada de los patrones de las relaciones tóxicas y dañinas.
Yo me he encontrado en la vida con gente tóxica, Yo me he topado con "amigas" chupasangre. De ésas que te hablan con palabras lindas, te enredan con su falso abrazo. Las aduladoras que pueden llegar a hablar mal de otras amigas para que te alejes de ellas, para poder tenerte para sí mismas. Primero te admiran, quieren saber todo de ti, sacarte todo lo que te envidian. Luego empiezan las comparaciones y de un día para otro deciden odiarte y se convierten en tus enemigas. Hasta las redes sociales se convierten en buen escenario para ser tus "troll" o "haters".
Es nuestra obligación parar esas relaciones dañinas que no aportan. Puede costar años aprender a hacerlo pero cuando aprendemos a respetarnos no supone problema. Quizás seguiremos encontrándonos con quienes, por mucho que hayamos dado antes, no acepten que no estemos dispuestos a dar algo que quieren de nosotros y se enfaden. Pero la primera responsabilidad que tenemos es con nosotros mismos y nuestros límites, deseos, compromisos reales. No es nuestro trabajo cumplir las expectativas irreales de otros, aunque se sientan defraudados. No somos responsables de la vida, rabia e inseguridades de nadie.
Se puede aprender a decir no sin miedo a que dejen de aceptarnos por ello. Se trata de respeto y de confianza. Una confianza que nos hará enseñar a nuestros hijos a ser respetados, y a hacerse respetar.












viernes, 10 de marzo de 2017

Amo mi profesión. Hablar. Sanar. Terapia.

Algo que escribí el 6 de noviembre del 2013 en Facebook y que un amigo ayer comentó.




Amo mi profesión, amo mi trabajo.
Soy una mujer afortunada, producto de todo lo que fui, de lo que me pasó, de lo vivido, hoy puedo mirar, escuchar, abrazar y leer a muchas mujeres.
Puedo comprender el desamparo emocional y soy capaz de ponerme en el cerebro y corazón del otro porque he vivido el desamparo emocional en carne propia.
Lo que más difícil se torna algunas veces, es mostrarnos tal cual somos, ser libres de mentiras ... El trabajo terapéutico consiste en eso, en iluminar lo que nos asusta, lo oculto, lo no dicho. 
Hablar para re-narrar la propia historia.
Es bonito.
Difícil.
Intenso.
Se necesita confianza.
Y valentía.
Y me hace muy, muy, pero muy feliz poder ayudar y conocer cada vez a más mujeres VALIENTES.






martes, 21 de febrero de 2017

Cuido porque quiero cuidar a los que esperan todo de mí. Nacimiento de Abril.





Como hace tan pocos días se cumplieron cinco años desde que nació Abril (17 de febrero), estuve mirando fotos y recordé el periplo que fue su parto: empezando porque sentada en el auto, en plena carretera camino a la clínica en Madrid se rompió la bolsa y Abril sacó la cabeza. Ya con este hecho había que olvidarse del primer plan de parto programado, que era llegar a la clínica en Madrid (45 minutos mínimo). En segundos decidimos con mi marido volver al pueblo en el que vivíamos (menos de 3 minutos) para ir al Centro de Salud (sólo con atención básica. La verdad es que tampoco necesitaba mucho, sabía que estábamos perfectamente bien las dos, pero quería que estuviera algún profesional médico por si surgía alguna emergencia).
Luego vino el viaje en ambulancia a Madrid, con sirena, luces y toda la parafernalia, que nos trasladó al hospital más cercano. Todo esto era parte del protocolo que había que cumplir ya que el Centro de Salud dio aviso de un parto extrahospitalario. Movilizaron una ambulancia equipada con 4 personas para asistirnos, pero que no era necesario, yo estaba lista para irme a mi casa. De hecho, en el hospital al cumplir con todo el procedimiento requerido y constatar que Abril y yo estábamos en perfectas condiciones pedí el alta voluntaria. 

Finalmente en la tarde llegamos a la clínica donde Abril debía haber nacido y donde controlaron todo mi embarazo (sólo pasamos esa noche y al otro día nos fuimos a la casa). Yo sólo quería tranquilidad para tener a mi cachorra lo más pegada a mi pecho, ella estaba fuerte y sanita, y yo también.

Esta foto es de cuando estábamos en el hospital, antes de irnos a la clínica. No nos habíamos separado. Estuvimos pegadas haciendo el piel con piel desde que Abril nació. Y a
 propósito de esto es que ahora traigo a colación el consejo que recibí de una enfermera: 

-"En cuanto venga la enfermera de la noche que se lleve a la bebé al nido. Tú descansa y deja que se hagan cargo de la niña, que luego es muy duro cuando llegas a casa. Llorará mucho, pero tú tranquila, déjala, no te preocupes, así se acostumbrará a estar sin ti".
En la tarde noche llegó la otra enfermera y me preguntó:
-"¿La niña va a dormir en el nido?"
-No, la niña duerme conmigo. Respondí.
-Vale, lo que quieras, pero piénsalo bien. 

¿Pensar qué? no cambiaría de opinión por nada del mundo. Mis tres hijos han dormido conmigo desde la primera noche y los tres se han ido cuando han querido. Obviamente cada uno ha tenido su cuna cuando guagua y su cama cuando han crecido. 
Desde los tres años más o menos duermen solos en su cama durante toda la noche, pero si se despertaban (o despiertan) a medianoche siempre han sabido que son bienvenidos en la mía. 
Ignacio, mi hijo mayor, dejó de ir a mi cama como a los 6 años y las niñas cada vez lo hacen menos (Abril, mi tercera hija, es la que menos ha ido, ella prefiere dormir sola desde muy chica). Los tres siempre han dormido muy bien y ninguno ha sufrido de pesadillas nocturnas, por lo que duermen toda la noche plácidamente. Aunque, sinceramente, yo adoro dormir con mis hijos. Siempre ha sido un placer despertar con alguno de ellos. Aparte que a los tres los amamanté a libre demanda, y para mí, lejos lo más cómodo era tenerlos pegados toda la noche.

Placer, amor, conexión, leche, apego, todas esas cosas y más se consiguen cuando uno no se separa de su hijo. Las primeras horas son únicas e irrepetibles, nunca vuelven. Y se quedan grabadas para siempre.

En el embarazo no hay bebé fuera. Antes del parto están dentro del útero, donde están perfectamente bien atendidos. Por lo tanto, aunque hagan creer que el nido es lo mismo y que estarán igual de bien, no lo es. Es más, es radicalmente diferente.

Yo soy consciente que las infancias de mis hijas se terminarán muy pronto. La de Ignacio pasó demasiado rápido. Sus infancias, la cama llena, sus voces, sus gritos, sus reclamos, sus bocas llenas de leche. Todo eso termina. Y es por eso que no echo de menos nada de antes de ser madre. Algún día, más pronto que tarde, lo sé, volveré a tener todas las horas que quiera para mí. Volveré a ser la dueña de las horas justo como lo era antes de tener hijos.

Ahora veo películas, leo, abrazo al padre de mis hijos, trabajo, besuqueo y regaloneo a mis pollos. Cuido hijos. Ellos siempre han sido mi prioridad. Soy la que los cuida. Y cuido porque quiero cuidar a los que esperan todo de mí. Me esperan toda y yo soy feliz por ello.





lunes, 13 de febrero de 2017

"Enseñando" a dormir. Es aberrante que una sociedad celebre que los padres traten de esta manera a sus hijos.

Este es un video terrible. Ningún padre debería tratar de esta manera a su hijo, por mucho que alguien se lo recomiende, alguien al que claramente le importa una raja el bienestar de los niños.

No es moral, ético, humanamente aceptable. Es una aberración que lo celebren. No está bien.

Por supuesto que los niños dejan de llorar. Pero no porque estén bien o hayan entendido que el "método" es regio.

Lo que aprenden es : ¿Para qué voy a llorar si no me hacen caso? ¡Bravo! Así se consiguen niños desconectados, niños que saben que no vale la pena comunicar su malestar, su dolor, su miedo, su tristeza... Niños que no confían en sus padres y menos en los demás.

Me duele ver sufrir a los niños, me preocupa que madres (pensando que lo hacen bien) desatiendan el llanto de sus hijos, dejándolos llorar solos por horas, días, meses. 
Es un error que se paga muy caro. Las consecuencias no serán evidentes ahora que son guaguas, pero ya más grandes se podrían evidenciar en forma de trastornos de ansiedad de separación, depresiones infantiles, enuresis o graves trastornos de conducta en la adolescencia. Cuando una madre o un padre desatiende el llanto de su hijo dejándole solo llorar sin consuelo, cuando ya se ha producido esa primera quiebra, su empatía, confianza, bondad innata, podrían verse mermadas de por vida.  

No podemos tratar de esta manera a los niños.