miércoles, 30 de diciembre de 2020

Según los datos oficiales una de cada cuatro niñas sufrirá abuso sexual en la infancia

 

Según los datos oficiales una de cada cuatro niñas sufrirá abuso sexual en la infancia. ¡Y ojo! en la inmensa mayoría de los casos vendrán esos abusos por familiares o amigos. Es aterrador, lo sé, pero es importante saberlo. Por ejemplo, la alegría con la que algunos padres dejan a sus hijos pequeños a dormir en casa de amigos puede ser una imprudencia si no se toman las medidas adecuadas; la primera, saber qué padres son. Obviamente los pederastas no llevan un cartel en la cara y los padres no pueden adivinar quiénes son, por lo que es muy necesario hablar con nuestros hijos sobre su privacidad. Explicarles que sus partes íntimas nadie puede tocarlas.
Desde muy pequeños podemos enseñarles a conocer sus límites físicos y emocionales y que sientan que tienen derecho a defenderlos y a decir que no. Motivo suficiente para no obligar a los niños a dar besos a los adultos si no lo desean. Por ejemplo, ¿cómo se le explica a un niño qué es el consentimiento si lo fuerzan a saludar de besos en estas fechas o cada vez que ve a un adulto?
En mi caso, una norma que llevo a rajatabla con mis hijas y que usé con mi hijo mayor durante su infancia, es que no duermen en casa de nadie. Al pederasta no se le reconoce por la cara, ni por sus miradas ni por sus actos cotidianos y como no se puede detectar a simple vista quiénes son, yo como madre tomo mis precauciones. Que soy una exagerada. Quizás, puede ser, pero no me perdonaría en la vida que una de mis hijas fuese abusada por alguien a quien yo le he facilitado de alguna manera dicho abuso por desconocimiento. Las protejo de esa manera, al menos mientras sean pequeñas. Además, ya están aprendiendo defensa personal. Nunca estará de más.
Como cada vez es más frecuente ver noticias sobre abusos infantiles por parte de adultos, y más en niñas que en niños, lo digo siempre: nunca dejen a sus hijos con adultos solos, a menos que los conozcan muy bien y confíen en ellos plenamente.
Los pederastas casi siempre están en el entorno cercano, pueden ser abuelos, padrastros, tíos, vecinos, amigos de la familia, profesores, curas o entrenadores, y a veces, sólo a veces, desconocidos.
Podría ser cualquier adulto que por alguna circunstancia se las arregla para quedar a solas (a veces incluso sin quererlo, con nuestro consentimiento).
Los hay en todas las profesiones y cargos. Son cientos de miles, no son cuatro pelagatos. Y la mayoría de las veces no se sabe quiénes son hasta que ya es tarde.
A lo largo de los años han llegado a mí innumerables historias de víctimas de abuso sexual infantil. Adultos que de niños fueron abusados por algún familiar o persona muy cercana.
Historias terribles, niñas abusadas desde muy pequeñas por tíos, hermanos, abuelos borrachos que se metían en sus camas de noche.
Niña violada desde los 8 años de manera sostenida que a los 13 parió una hija enferma, hija con daños neurológicos tan graves que nunca podrá caminar ni hablar. Y no siendo suficiente con todo este horror es obligada por sus propios padres a irse a vivir con su violador (hermano de la madre) y dos años después tiene otro hijo.
Madres que me han contactado desesperadas porque descubren señales de que sus pequeños han sido abusados por alguien cercano. Lamentablemente el abuso sexual infantil es mucho más frecuente de lo que creemos y no discrimina clases sociales ni religiones (peligrosísima mezcla esta última).
Y se esconde muy bien tras el silencio, la culpa, los secretos, las mentiras, la negación, la vergüenza y la enferma lealtad familiar.

 


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